El nombre de Matthew Vaughn empezó a sonar con fuerza tras el estreno de Stardust, una película de fantasía para adolescentes que, lejos de ser el pastelazo que prometía ser, resulto un filme bastante decente que se desmarcaba de los tópicos inherentes al género y que satirizaba los que presentaba. Poco después, devolvió la fuerza a la saga de X-MEN con "primera generación" e inició la exitosa saga Kick-Ass, que destrozo los esquemas del género de superhéroes haciendo una de las piezas más frenéticas, desenfrenadas y macarras que alcanzo a recordar. Esta vez le toca el turno a Kingsman, la que quizás sea el único intento de 007 adolescente que mola. Es irónico que el secreto del éxito estuviera en enfocarla para adultos y no para el público al que habría de estar destinada sobre el papel.
Kingsman nos cuenta la historia de Eggsy, un joven problemático cuyo padre murió siendo él tan solo un niño. Colin Firth interpreta a Galahad, uno de los altos más cargos dentro de el servicio secreto Kingsman, cuya vida salvó el padre de Eggsy dando la suya. Años más tarde, siendo Eggsy ya mayor, Galahad va a buscarlo con el objetivo de convertirlo en un Kingsman, pero las pruebas que tendrá que superar para lograrlo no serán nada fáciles. Paralelamente a esto, Samuel L. Jackson interpreta a un magnate de internet, falso filántropo, que quiere exterminar a medio mundo.
Nada que objetarle a la construcción de personajes, muy buen fondo y una progresión impecable en cada uno de ellos desde su brutal inicio hasta la gamberrada supina final. Montaje frenético, humor negrísimo y violencia gráfica. ¿Se le puede pedir algo más a una película de este estilo? Rotundamente no. El argumento roza lo surrealista en el buen sentido, sátira, parodia e ironía absoluta en cada escena, cada plano, cada diálogo.
Como datos curiosos, los guiños a Pulp Fiction en una de las escenas, los paralelismos en la estructura con Kick-Ass (con planos incluso calcados) y la explícita forma en la que se satirizan las películas de espías. Por último, a modo de menciones especiales, remarcar el deprimente doblaje de Samuel L. Jackson, lo mal que le queda a un macarra inglés la voz de un español y lo sumamente demacrado que está Mark Hamill. Jode cómo le pasan factura el alcohol y las drogas a uno de tus héroes de la infancia. Tonterías ajenas al filme aparte, Kingsman es una de las cosas más frescas que ha pasado por la cartelera en años. Literalmente. Me sentí como un niño pequeño en la sala de cine. Sumamente recomendable.
Manuel Azaña González
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