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Spotligth: brillante puesta en escena para mostrar la verdad


 Spotligth narra la verídica historia de un grupo de periodistas que en 2002 destaparon una serie de abusos a menores por parte de la Iglesia católica en Estados Unidos. 

La cinta tiene un reparto de lujo (Mark Ruffalo, Michael Keaton, Stanley Tucci, Liev Schreiber y Rachel McAdams...) que trabaja por y para su objetivo. Tienen matices sí, modos de comportamiento que sorprenden como el incansable Ruffalo o el titánico Keaton, pero con una carencia de objetivos individuales impropios de su impecable escenografía. La base es más que solida, pero faltan las guirnaldas. Quizás tiene que ser así y nos encontramos ante un brillante ejercicio periodístico con una potente puesta en escena que huye de artificios, carentes de sentido. Pero, por otro lado ¿es la búsqueda de la verdad suficiente motivo para mover a los personajes por la trama?

Todo ello coincide en una época en la que falta periodismo de investigación es evidente y en la que el número de lectores va bajando considerablemente año tras año. Al fin y al cabo, el trabajo de un periodista es informar, contar la verdad. Por tanto, Spotligth en ese aspecto muestra, de manera realista, el trabajo periodístico brillantemente. Cuenta la verdad, pero del mismo modo que tendría que ser el hacer periodístico, el trabajo de Thomas McCarthy quiere mostrarse imparcial y plantearse otra serie de preguntas, todas ellas amputando aparentemente el dedo acusador. No sólo el quién es importante, sino también el cómo. Estas dudas se ven reflejadas en el propio McCarthy a la hora de encuadrar la historia. La presencia de la Iglesia en la comunidad es abismal, tanto, que la propia sombra e imagen de la catedral de Boston inunda en gran medida una considerable cantidad de planos. Detrás de parques, al fondo de los edificios, al final de la calle, cualquier parte se ve empequeñecida en comparación con el "gran edificio". Por ello, el aparente ejercicio de honestidad periodística no lo es tanto cuando el énfasis recae en la cantidad de casos, dejando de lado el planteamiento tan interesante ( y que hubiera dotado de una mayor trascendencia a la historia) de la nula actitud de la sociedad para la condena del horror.


Spotlight es un brillante ejercicio periodístico con una puesta en escena que evoca al mejor Sidney Lumet pero que dinamita su excelencia bajo la nula capacidad de unos personajes opacos, que hábilmente y durante dos horas sólo te contarán la verdad.


Francisco Eme
"Whiplash": un solo de batería para la eternidad

La opera prima (no inédita) de Damien Chazelle, nos cuenta la historia de Andrew Neiman, un joven baterista de jazz (Miles Teller) que quiere triunfar en el exigente conservatorio de música de la Costa Este. Terence Fletcher (J. K. Simmons), profesor de la escuela, dirige desde allí a la mejor orquesta de jazz del país. La vida del joven Andrew cambia por completo cuando el exigente maestro le elige para formar parte de su conjunto musical.

Este es el punto de partida de una de las mayores sorpresas que me he llevado este año. La primera me la dio Nightcrawler, la segunda Birdman, a pesar de las altas expectativas que llevaba, y Whiplash ha sido la encargada de darme la tercera bofetada en lo poco que llevamos de año. Puede que no sea la mejor, ni si quiera la más original del conjunto previamente mencionado, pero es innegable que este corto hecho largometraje llenará al espectador tanto o más que ninguna otra en lo que llevamos de 2015.

Y es que Whiplash tiene un ritmo brutal que hará que te piquen los ojos por no poder cerrarlos en todo el metraje. El guion es tan sumamente genial que asusta, sí, asusta casi tanto como la soberbia interpretación de J. K. Simmons haciendo de profesor chiflado hijo de puta de métodos retrógrados y "mortalmente" efectivos. El protagonista tampoco desentona a pesar de ser el novato del filme (por mucho que pareciese difícil serlo aún más que su director), puede que le sobre alguna cara de estreñimiento forzado, pero en líneas generales se marca un papel bastante potable.

Estamos hartos de ver productos con una carga emocional que les queda grande. La diferencia entre ellos y Whiplash, es que esta es consciente de lo que es. No se pierde en delirios megalómanos y nos muestra una realidad que probablemente ya hayamos visto antes, pero de un modo totalmente distinto (mención especial a las conversaciones de Andrew con su novia y su familia, sumamente delirantes). Contenida a la par que ambiciosa, pero sin salirse del camino estipulado. Maravillosa, la mires desde el prisma que la mires.

En resumidas cuentas, se agradece ver un producto tan crudo y duro entre tanto buenrollo, patriotismo y biopic sentimentaloide de mierda. Sin guiños a ninguna clase de espectador, muestra una historia de superación distinta a la que estamos acostumbrados a ver, representando una cara más egoísta y ambiciosa del american dream que lejos de producir rechazo, resulta sumamente atractiva. Mención aparte para su finalazo, sugerente, lírico y sin dar más explicaciones de las necesarias. Más vale tarde que nunca, cabronazo, aquí tienes a tu Bird.


Manuel Azaña González
"Big Eyes": Otro plato de biopics moralistas, por favor

La nueva película de Tim Burton, nos cuenta la historia de Margaret Keane, autora de esos famosos cuadros que muestran niños tristes con ojos enormes y que dan nombre a la película, narrado en un tono que, si bien muestra con relativa fidelidad la historia de la artista y su marido, está contada de un modo desenfadado muy en la línea del autor, mezclando el drama con la comedia ácida y la crítica a determinados ámbitos del arte y la farándula. Pero no os equivoquéis, por mucho que sea distinta en ocasiones, no deja de ser una suerte de Ed Wood llevada a cabo como ejercicio rutinario sin tener apenas el sello del autor.

Amy Adams interpreta a la protagonista, siendo prácticamente lo más destacable de un filme que adolece de un guion sólido, estando cargado de giros moralistas en los que se quiere criticar un sistema machista que cosifica el arte hasta un punto vomitivo, pero en el que solo se consiguen crear situaciones inverosímiles que poco o nada aportan a la trama más allá de lo mal que está mentirle a un hijo. Además, por primera vez en mucho tiempo, la actuación de Waltz me parece por debajo del nivel que se espera de él, sin ser mala, por supuesto, pero yéndosele de las manos en determinados momentos y ofreciendo, simplemente, más de lo mismo. 

Porque si la primera mitad de la película se deja ver con relativa facilidad, la segunda es un ir y venir de bromas forzadas, gente corriendo y querer crear situaciones graciosas en un ambiente en el que ni siquiera Waltz consigue ser gracioso. Las cuatro cosillas made in Burton no son suficientes para dar calidad a una película con marcados picos de intensidad y ritmo narrativo y en la que es, por tanto, demasiado fácil perder el interés. Otro biopic más sin fuerza ni contenido sólido. The Imitation Game, Foxcatcher, The Theory of Everything, Unbroken... en fin, mirad la parte positiva, al menos es mejor que este último por mucho que la originalidad siga brillando por su ausencia.

Manuel Azaña González
"Unbroken": Buscando el Oscar desesperadamente

Segunda película dirigida por Angelina Jolie, quién según dicen apuntaba a maneras con su primera producción de origen polaco, que pasó prácticamente desapercibida para el público. Esta vez nos trae una historia muy del gusto del espectador norteamericano, el biopic de un campeón olímpico que, tras el estallido de la guerra, se vio obligado a pasar recluido los años posteriores a su oro en un centro de concentración en Japón. Todo así con en un tono de epopeya que chirría más que la puerta de una casa de campo.

A pesar de no tener nada que ver, me recuerda mucho a producciones tipo Un sueño posible. "Lo conseguiremos luchando", "viva América" y "nunca pierdas la esperanza" como concepto general. Todo esto estaría bien si no fueran conceptos tan oxidados que solo buscan aceptación general por encima de mostrar algo real y que a priori parecían topicazos en los que jamás caerían los hermanos Coen (sí, este guion basura es suyo). Porque Angelina, si tan mal lo están pasando esos tíos en Japón no te limites a mancharlos de hollín y a poner a un japo repartiendo galletas a diestro y siniestro de cuando en cuando. Muestra miseria. Muestra sufrimiento.

En fin, otro biopic más, otra americanada más y como prácticamente la totalidad de los "hits" de este año, una verdadera basura. Al menos el protagonista me recordó que había salido de Tower Block (2012), que esa sí molaba, y por lo visto el pelirrojo es uno de los hermanos Weasley de Harry Potter y va a salir en la nueva de Star Wars. Habrá que ver como se desenvuelve esta señorita en posteriores trabajos, así como su protagonista, que si la mayoría de biopics de este año tienen actuaciones magistrales a pesar de ser una mierda, la de él es más bien medianita. Veremos qué tal le va en 71', que ya está al caer en cartelera y que ha recibido muy buenas críticas.

Manuel Azaña González
"Foxcatcher": De interpretaciones antológicas va la cosa

Mark Schultz (Channing Tatum) es un medallista de oro olímpico en lucha poco reconocido en su país. Su vida cambia cuando un excéntrico millonario aficionado a la lucha y la ornitología, John Du Pont (Steve Carell), le invita a su mansión para proponerle formar su propio equipo de lucha. Mark acepta de inmediato esta invitación con tal de avanzar en su carrera y al fin poder superar a su hermano Dave (Mark Ruffalo).

Ni yo mismo me creo que me atreviese a adentrarme (y además con ganas) en un filme en el que todo el peso dramático de la historia recayese en Tatum, pero joder, fue un acierto. Queda demostrado una vez más que lo que en apariencia es un mal actor puede demostrarnos que nos equivocamos cuando al fin le llega un papel a su medida y que este hombre, aparte de un par de pectorales del temaño de Cantabria, tiene mucho que ofrecer.  Foxcatcher es un drama que nos muestra las bajezas del deporte profesional, centrándose, mientras tanto, en la forma en la que buscan la aceptación todas aquellas personas que han pasado una vida llena de decepciones. 

La búsqueda de aceptación de una madre de un millonario cuyo único amigo había sido el hijo de su chófer, la búsqueda de una figura paternal por un chico que ha sido criado por su hermano y el perdón (si es que era necesario) de un hombre a su hermano le pase lo que le pase en la vida. Y es que hemos hablado previamente de la interpretación de Tatum, pero Ruffalo se come la pantalla cada vez que aparece en ella y Carell... en fin, sin palabras, uno de los mejores papeles de secundarios que ha habido y que sin duda habría de ser reconocido en alguna de las galas de este año.


¿Carencias? por supuesto que las tiene. La película no podría ser más "americana" ni haciendo una pausa a mitad para anunciar hamburguesas. Abundan hasta el punto de sobrar forzadas referencias patrióticas, las frases artificiales hasta la saciedad enalteciendo el amor fraternal y los discursos pomposos capaces de provocar vergüenza ajena. Al menos, muestra cómo el capitalismo puede cambiar los principios de una persona,aunque no tengo muy claro que el director estuviese pensando en eso cuando rodaba la película. No digo que su trabajo no esté a la altura, de hecho su dirección en Moneyball me parece sublime a pesar de que la película no esté muy allá y aquí es todavía mejor, solo que no creo que quisiese ir por ese camino.

En resumidas cuentas, estamos ante una película sumamente recomendable, para todos los gustos y momentos, de desarrollo rápido (unos tramos más que otros), fácil de ver y mayoritariamente correcta, haciendo mención especial a un broche final de lujo que golpea a ese espectador que cree haberlo visto ya todo de una forma tremebunda. Veremos qué tal es la acogida aquí en España y su suerte en las principales entregas de premios, muchas películas "por y para el lucimiento de sus actores al margen de lo que se cuente" veo yo. Mientras tanto, recomiendo buscar a los protagonistas "originales" de la historia que aquí se recrea. El parecido no podría ser mayor, brutal.




Manuel Azaña González
"La teoría del todo": Mucho de todo, pero poca teoría

La teoría del todo nos muestra la vida de Stephen Hawking, desde el inicio de su doctorado hasta la publicación del libro que acabó de consolidarle como uno de los personajes más importantes de su época: Breve historia del tiempo, dando especial importancia a la controvertida relación con su primera mujer, la cual escribió el libro en el cual se basa la película. Esto puede parecer una simple curiosidad, pero explica el "curioso" enfoque que tiene el largometraje. Lo normal es que un biopic sobre la vida de un físico teórico, cosmólogo, astrofísico y mil tecnicismos más, se vea desde un punto en el que su vida profesional sea prácticamente el centro de atención (como es el caso de la aclamada The Imitation Game, aún en cartelera, por mucho que denuncie a su vez una situación injusta de forma implícita)  pero este no es el caso. Nos muestra la vida de Hawking tocando por encima su carrera profesional, sin detenerse demasiado en su personal, y, gracias a la actuación de Redmayne poniendo como centro de atención su enfermedad, usándola más como recurso efectista que como lo que es en realidad. En resumen, tocando un poco de todo, pero sin detenerse en nada.

Tienden a gustarme las cosas distintas, parece que lo "académico" ya está todo visto, así que jamás pensé que diría esto, pero un biopic al uso habría sido mucho más interesante que este pastiche sensiblón que quiere dárselas de distinto mostrando lo mismo de siempre. Quiere ser un dramón que no es, mostrar una vida que no muestra y una dura relación amorosa cuya superficie, como mucho, acaricia. Dicho así puede sonar peor de lo que es en realidad, pero es que de no ser por el papelón que se marca Eddie Redmayne interpretando al mítico físico británico, cinematográficamente hablando esto no valdría para nada en absoluto. Bien es verdad que Felicity Jones tampoco se queda atrás, pero es que Redmayne parece haber nacido para el papel. La manera de actuar desde el principio hasta el final, la marcada evolución así como su forma de mostrar los sentimientos cuando moverse un ápice suponía un mundo, es algo que pocos o ninguno van a poder superar este año.

Dándole tantos palos, puede parecer que la película es totalmente insoportable cuando tampoco es ese el caso, la disfruté en su mayor parte, gracias sobre todo a Redmayne y Jones, que se esfuerzan por mantener a flote la película con la poca ayuda de un par de giros de guión relativamente inteligentes y demasiados elementos desechables. En fin, supongo que volveremos a ver pronto algo de James Marsh, el director, dado que por mucho que su trabajo aquí no esté muy allá, trata el tema de un modo sensiblero muy al gusto del público facilón. Veremos si se las apaña con un elenco de actores que no se dirijan solos o si vuelve a lo que realmente se le da bien: los documentales, campo en el que ha logrado sus mayores proezas hasta la fecha con Proyecto Nim y Man on Wire.


Manuel Azaña González
"Nightcrawler": Mi primer amor de este año

No me cansaré de repetir que cualquier halago para Jake Gyllenhaal se queda corto; el año pasado, se merendó la pantalla sin apenas despeinarse en Enemy y nos regaló uno de los mejores papeles como actor secundario en lo que llevamos de década en Prisoners, encarnando a un policía cuyo presente y misterioso pasado acaban por interesarte aún más que la trama principal. Este año prepara nueva película con Antoine Fuqua (Training Day, The Equalizer) y tiene pendiente de estreno Southpaw, del mismo director, en la que luce un físico ultramusculado ganado en un brevísimo periodo de tiempo. En Nightcrawler encarna a un joven "oportunista", por llamarlo de algún modo, que no consigue ser aceptado en ningún trabajo. Tras presenciar un accidente de tráfico, descubre que su vocación es trabajar como periodista criminalista freelance, filmando todo aquello digno de aparecer en la sección de sucesos en el telediario de Los Ángeles.

Nightcrawler nos muestra un zero to (anti)hero clásico, pero nunca visto no por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. Jake Gyllenhaal lleva a cabo un papel sublime, comedido en apariencia, pero dejando detalles que pueden recordar desde a De Niro en El rey de la comedia, hasta a Ryan Gosling en Drive, por infinitamente ancha que pueda parecer la línea que separa a ambos personajes sobre el papel. Lou Bloom es un personaje cuya construcción ha sido cuidada al milímetro, porque sí, tener un actor de estas características dando el resto para convertirse en un sociópata de manual ayuda, pero hacer que un personaje con un cuadro psicológico tan peculiar evolucione como debe es sumamente complejo. El encargado de hacer parecer fácil lo imposible es Dan Gilroy, guionista y director novel al que habrá que seguir de cerca a partir de ahora.

Después de deshacerme en alabanzas por Gyllenhaal y su personaje, podría parecer que es una película "de actores", por llamarlo de algún modo, con un papel en apariencia a medida de quién lo interpreta para su lucimiento y realización. Nada más lejos de la realidad. Nightcrawler es un producto que encierra más contenido en sus "escasos" 113 minutos del que atesoran la mayoría de las favoritas a los grandes premios de este año en sus desmedidos metrajes. Contar una historia cruda en su grueso solo es el principio, va más allá criticando el sensacionalismo presente en los medios de comunicación de un modo en el que no sabes si reír o sentirte incómodo, analiza la sociedad mostrando lo más egoísta, sucio y miserable del ser humano e incluso parodia a las fuerzas del orden, mostrando cómo anteponen una burocracia casi cómica para dar un simple aviso telefónico a la detención de dos delincuentes autores de un asesinato múltiple con violación.

Hablar de su conclusión es hablar de poesía. Al más puro estilo de La naranja mecánica, se basta del simple plano de un reloj para dar todas las explicaciones necesarias acerca de la situación de nuestro personaje, porque ese "Recordad: nunca os pediría algo que yo mismo no haría" a sus nuevos becarios, resulta hasta cómico teniendo en cuenta que seguimos delante de un excéntrico oportunista que filmaría la muerte de un compañero, manipularía a su principal fuente de ingresos, mordiendo así la mano que le da de comer hasta hacerla sadomasoquista o seguiría llevando puesto un reloj robado en su "vida pasada".  La empatía, la verdad y la ética personal o profesional carecen de sentido en una vida de depredadores.

Decir esto de Nightcrawler es, como mucho, rascar la superficie de esta subversiva joya lírica que probablemente pase sin pena ni gloria por las galas de este año. Adolece de esos guiños al espectador que tanto gustan al público medio, algo que, para ser sincero, agradezco. No busca contentar a nadie con su contenido. Aquí la justicia no gana, los malos siguen siendo malos y el "American Dream" brilla por su ausencia. Llamadlo realismo, si queréis. Llamadlo vida. Pero Dan Gilroy puede presumir de haber creado un producto que gana enteros cuanto más se reflexiona sobre él, que no se limita a sorprender durante su visionado, sino que te hace echar la vista atrás, replantearte muchas cosas y verla todavía más cojonuda. Efectivamente, Nightcrawler es mi primer amor de este año. Y tiene carácter, como a mí me gusta.

Manuel Azaña González
"The imitation game": un atípico biopic sobre un tardío homenaje

Morten Tyldum dirige este biopic sobre el genio matemático Alan Turing (Benedict Cumberbatch) y su implicación en el intento de descifrar Enigma, el sistema de encriptación que los nazis usaban para comunicar sus estrategias durante la segunda guerra mundial. De entrada, hay que dejar claro que lo de Tyldum no es suerte. No es algo sorprendente ya que en 2011 ya nos impactó a todos con Headhunters, un thriller sin precedentes que se apartaba de cualquier tópico del género. Tyldum vuelve a demostrar un gusto muy adecuado para no caer en el melodrama y para no mitificar al personaje.

Lo hemos catalogado como biopic pero parece ya en su inicio que el director noruego no quiere relatar la historia del matemático como una biografía al uso, sino que le interesa la comparativa mediante el uso de unos acertados flashbacks que sirven de nexo de unión con la psique del personaje. El gran montaje de la cinta por parte de William Goldenberg le da la pausa necesaria en los momento más oportunos y inyecta velocidad al ritmo en el instante exacto.


Benedict Cumberbatch presenta candidatura para un oscar "mano a mano" contra el Birdman de Michael Keaton, En un intento de recordar algún papel que pudiera ayudarle a construir el personaje de Turing, una primera idea apuntaba a una nueva especie de reinterpretación de su papel de Sherlock Holmes, todo lo contrario, el entonado actor retrata un rol autómata y sin adornos como lo haría la vieja escuela inglesa de Laurence Olivier pero con la seguridad de estallar emocionalmente cuando es necesario. Keira Knightley interpreta al personaje femenino del film Joan Clarke, la única amiga de Turing. Y es que la cinta inglesa también quiere representar ciertas realidades históricas de la sociedad de aquella época en la que como bien sabemos por aquel entonces la mujer no era tratada como un igual sino rebajada a los quehaceres domésticos. En contraposición, Knightley arma un potente personaje que da color al masculino reparto de la película.

The imitation game es un atípico biopic que parece no querer ser tan grande como lo que quiere contar, se aleja de las mítificaciones de los personajes históricos en el cine siendo pues una propuesta inteligente, a ratos brillante y tremendamente homenajeadora en su final, Si bien es cierto que la historia daba para más metraje y que esto nos hubiera permitido disfrutar más de Cumberbatch y en la nada implicativa apuesta a "cuentagotas" del tema del espionaje que minimiza el mérito del film y que lo relega a un gran peldaño por debajo de lo que puedan hacer sus competidoras por el oscar.


Francisco Carrasco
Crítica "Relatos salvajes": Dulce venganza

Relatos Salvajes es la nueva sorpresa Argentina enviada como candidata a los premios de la academia del año próximo. Inspirada en las producciones episódicas (Cuentos asombrosos) de Steven Spielberg, la venganza es el tema principal de cada relato salvaje que vemos plasmada en cada final de una forma peculiar, grandiosa y a la vez aterradora (no querríamos ser el vengado, aunque el vengador... quizá sí). Comenzamos por la primera historia, titulada Pasternak, y precisamente Pasternak es nuestro protagonista implícito del relato. Nunca lo vemos, pero está ahí. Empieza con una inocente conversación dentro de un avión que deriva a una no-casualidad entre los pasajeros, todos conocidos de ese tal Pasternak. No desvelaremos el final, pero pongo la mano en el fuego porque la gente se quedará con la boca abierta. Una narración que evoca a la resignación, la soledad, y digamos la explosión personal (en sentido literal y figurado). 

La segunda historia, Las ratas, una de mis favoritas junto con la ya mencionada tiene lugar en un bar de carretera. Un hombre empresario y político (empezamos bien) pide mesa para cenar, pero la camarera se da cuenta de que precisamente ese hombre corrupto, Cuenca, le hizo la vida imposible a su familia y por su culpa su padre se había suicidado. Lo mejor de este corto es, sin ninguna duda, la cocinera. Con sus monólogos acertadísimos que hacen que el público asienta con la cabeza. Miedo, presión y desahogo firman el final del relato. Un aplauso por la cocinera, por favor. 


El más fuerte, una historia de encontronazos con revanchas inútiles. Tiene lugar en una carretera que circula hacia Salta. Diego Iturralde viaja en su Audi cuando de repente se cruza con un coche que se sitúa delante de él. Por mucho que Diego pite e insulte, el conductor, Mario, no se aparta. No nos encontramos con una venganza individual en la que aparece un vengador y un vengando. Esta vez, es un “jódete” del destino o del Karma o lo que el público prefiera. La elocuente deducción de uno de los policías será la clave para arrancar más risas todavía. Aun así, en mi opinión, una de las más flojas, por su final predecible aunque no por ello menos desternillante. Bombita, cuarto relato de la cinta. Tan real e irónica como la vida misma. El actor Ricardo Darín, con carácter y humanidad como en El Secreto de sus Ojos, actúa como Simón Fisher, un ingeniero que, a pesar de perderse el cumpleaños de su hija, tiene que ir a recoger su coche, llevado por la grúa. Por varios motivos de administración, funcionarios y desquicia, Simón, movido por la desesperación y la inconformidad, decide realizar su particular “vendetta” a la misma burocracia. A partir de ahí, se convierte en un ídolo de masas en las redes sociales. Enormes carcajadas durante el relato que no dejarán indiferente a nadie. Solo queda decir, todos queremos ser "Bombita". 

Con La Propuesta observamos una crítica a la corrupción de oficiales de policía y abogados donde el dinero lo mueve absolutamente todo. La exasperación de una “familia bien” por no ver a su inútil hijo en la cárcel, ha producido un accidente de coche en el que muere una mujer embarazada, les lleva a proponer al jardinero hacerse cargo y asumir la responsabilidad del accidente, a cambio una buena suma de dinero. Tras una serie de conflictos, todo parece terminar bien, pero, indudablemente, y después de ver cuatro cortos de un humor así, Szifron no nos iba a dar algo tan fácil. Una venganza en escasos treinta segundos que nos hace pensar si siempre pagamos justos por pecadores. 

El último, pero no por ello menos importante, relato es Hasta que la Muerte nos Separe. Todo comienza con una gran boda, la de Ariel y Romina, todo bonito, quizá demasiado. Enseguida Romina descubre que su reciente marido le ha estado poniendo los cuernos durante un tiempo con una compañera de trabajo. Con terrible angustia y cabreo, Romina decide devolvérsela de la forma más típica, pero todo no termina con una venganza. La escena que se montará en el salón principal “arropada” por todos y cada uno de los invitados será algo inolvidable. Podríamos decir que un tórrido y legendario final para una pareja hecha pedazos.


Lucía Naharro Martínez
"Dallas Buyers Club": Farmacia de guardia

Hoy colabora con nosotros Jesús Ponce, que nos trae un breve análisis de la oscarizada "Dallas Buyers Club", una historia de lucha y superación en la que Matthew McConaughey interpreta a Ron Woodroof, un cowboy sureño adicto a todo tipo de excesos al que le diagnosticaron SIDA en 1986, dándole tan solo un mes de vida. Esta película nos hace ver la situación de esta enfermedad hace tan solo 30 años. El rechazo social. Su tratamiento, a tientas. La falta de concienciación general.

El trabajo realizado por el director quizás solo alcance el aprobado, no obstante este film tiene algo más, hay algo soberbio en él, algo que con su sola presencia consigue mantener el interés por la historia y es la más que increíble interpretación de Matthew McConaughey. Desprendiéndose de todo su atractivo físico, el apuesto actor que carecía de gracia hasta hace poco, consigue transmitir incluso el mas insignificante rasgo del carácter de los personajes que interpreta, de una manera más que ejemplar. Todo esto sin olvidarnos del gran papel que representa Jared Leto, por muchos daños colaterales que esto traiga. De repente, toda interpretación queda en un marcado segundo plano, desde la propia historia a cada uno de los personajes secundarios que van apareciendo a lo largo del film obligados a seguir el ritmo de nuestros protagonistas.
Dicho esto, gracias al desarrollo de una trama que muestra a los personajes contra el estado, consigue que el film no se convierta en ese melodrama que “no hay quién se lo coma” sobre enfermedades terminales que amenazaba ser.




Jesús Ponce Juan
Leo, el reconocimiento se gana en los cines

Cary Grant, Orson Welles, Charles Chaplin. Ninguno de ellos tiene ni tendrá jamás un Oscar a mejor actor principal o secundario (y no, Los Oscar honoríficos no valen). ¿Es tan relevante para un actor ganar la estatuilla?. Es evidente que Leonardo Dicaprio es un talentoso actor que sabe sacar partido a una poderosa gesticulación y a un encanto mimético, pero un Oscar es un reconocimiento que, haciendo un repaso a la historia, es simplemente eso, una estatuilla. Algo físico que se pierde en la memoria. El reconocimiento te lo da el público, no la Academia. Ese reconocimiento puede ser totalmente en balde, ¿o acaso alguno recordaréis a Whoopi Goldberg por su Oscar en la película “Ghost”?, ¿Todos los odios hacia Nicolas Cage se silencian ante su estatuilla por “Leaving las Vegas”?. Poca gente tiene una buena imagen de ellos interpretativamente hablando, pero quién entiende un poco de este arte, sabe quién es Kirk Douglas, y no, él tampoco obtuvo dicho reconocimiento.

Por eso, suena a risa eso de “este año es el de Dicaprio”, “se lo merece, son muchos años ya”, cuando la verdad es que nunca lo tuvo tan difícil. En primer lugar por Matthew Mcconaughey, ese tío que nos ha dejado a todos con la boca abierta, “el nuevo Christian Bale”, con la diferencia de que el galés jamás fue el guapito de la comedia romanticona. Es esa la transformación más sorprendente y la que más pesa a la hora de elegir un ganador. En segundo lugar competía con el Propio Bale que se escondía detrás del maquillaje para estar otra vez más que correcto. En tercer lugar, Chiwetel Ejiofor protagonizando una lucha contra la desesperanza y la injusticia como pocos han hecho. Por último, competía también con Bruce Dern ya nominado una vez por “Coming Home” y que, con 77 años era digno de admirar que pudiese estar otra vez ahí. Cualquiera podría decir “Sí, ya, eso está muy bien, pero ¿y las tres nominaciones anteriores?”.
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Obtuvo en 1993 su primera nominación al mejor actor de reparto a los 18 años por “¿A quién ama Gilbert Grape”. Ese año competía con nombres como Ralph Fiennes (“La lista de Schindler”), Tommy Lee Jones (“El fugitivo”, que resultó ganador), John Malkovich (“En la línea de fuego”) y Pete Postlewaite (“En el nombre del padre”). Los inconvenientes: Principalmente la juventud. Mientras que un enorme añadido es el nivel presente en esa edición en la que cualquiera se podría haber llevado la estatuilla.
En 2004 le llegaba a los 30 años, la primera nominación a mejor actor principal por “El Aviador”. Ese año la competencia no era tan dura pero ahí estaban interpretaciones como la de Don Cheadle en la masacre de “Hotel Rwanda” o Jamie Fox interpretando al cantante Ray Charles en “Ray” lo que le valió finalmente conseguir el galardón. Los inconvenientes: Quizás exageró demasiado su interpretación, la expuso como una obra teatral en vez de como una interpretación cinematográfica. El papel de un músico ciego y drogadicto era un mayor reto para Fox que se ganó el aplauso de la crítica y público.
Su tercera nominación le llegó a los 39 años por “Diamantes de sangre” que es, para un servidor, su mejor interpretación. Acento sudafricano y un personaje que te convence desde el primer instante en que lo ves trapicheando con las citadas piedras preciosas. Parece que no le importe nada más pero no siempre las cosas son lo que aparentan ser.
Los inconvenientes: Forest Whitaker y una película inglesa, “El último rey de Escocia” en la que protagonizaba al dictador ugandés Idi Amin.
No hubo discusión alguna ese año, el papel de Dicaprio pasó desapercibido por la Academia.
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Realmente Leo nunca ha tenido fácil ganar un Oscar, siempre ha habido una competencia de gran nivel y, sin embargo, el público siempre ha estado de su parte.
Puede que gane una estatuilla el año que viene, puede que no la gane nunca, pero ¿quién se acuerda de aquellos que aún teniendo un Oscar no nos hicieron vibrar, llorar, reír y amar?. Dennis Hopper, James Dean, Kirk Douglas (que aún está vivo)… son mitos del celuloide que no poseen el máximo reconocimiento del cine y que, a pesar de ello, son inmortales en la memoria.
Tranquilo, Leo, yo preferiría estar en el recuerdo junto a estos colosos antes que conseguir un galardón y no haber trasmitido nada en mi carrera.

Francisco Carrasco Orrico