Gracia Querejeta, directora de la aclamada 15 años y un día (para bien y para mal), vuelve a ponerse tras las cámaras para traernos una comedia negra basada en la amistad y en cómo esta puede tambalearse de haber unos cuantos millones de por medio. 

Maribel Verdú vuelve a ponerse a las órdenes de una directora que parece que no acaba de exprimirla del todo. Bien es verdad que quizás no soy todo lo imparcial que debería ser con ella dado que no es una actriz que me maraville, por decirlo de una forma sutil. Por otra parte, quitando contadas excepciones, el resto del elenco cumple con su cometido. De hecho, en el caso de Eduard Fernández, Antonio de la Torre y Álex O'dogherty, diría que con creces.

Una película que podríamos calificar como inocua, a secas, con una primera mitad en un tono de comedia bastante ligero, pero descafeinado hasta la saciedad y una segunda mitad que si bien logra alcanzar el ritmo del que adolece la primera, acaba por antojárseme algo cansina en su tramo final. 


El guion, sin ser brillante, se muestra bastante sólido durante casi todo el metraje y los giros la verdad es que están muy, pero que muy bien insertados en la historia. Lo dicho, con sus virtudes y sus defectos, es un largometraje que se deja ver con relativa facilidad para ver casi con quién sea en el momento que sea. Pero poco más allá de un planteamiento original llevado a cabo de una forma simplemente correcta.


Manuel Azaña González

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