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"The Neon Demon": El oscuro mundo de la moda

The Neon Demon da comienzo con una hipnótica secuencia en la que podemos ver a nuestra protagonista degollada sobre un sofá en medio de un shooting. Sutil metáfora del mundo de la moda que va a retratarse a continuación, un mundo en el que tu vida vale tanto como encajes en los cánones, en el que la belleza se exprime hasta que ya no queda nada y las aspirantes se devoran entre ellas.

Elle fanning es la encargada de dar vida a Jesse, una joven de 16 años que llega a Nueva York cargada de inocencia dispuesta a triunfar en este mundo enfermo. La evolución de su personaje es un reflejo del ciclo de vida al que puedes aspirar aquí; los depredadores de los que hablábamos en primer lugar, se revelan ya en la segunda secuencia del filme y esa inocencia que mencionábamos al principio es arrebatada tan pronto como se le envía a una primera sesión de fotos. 

Las depredadoras no tardan en notar la amenaza de la recién llegada, mostrando desde el primer momento las ganas de devorarla a fin de poder mantener sus privilegios y obtener los suyos. Aquí es donde el filme va un paso más lejos, dejando de lado la simple crítica al mundo de la moda y convirtiéndose en una suerte de elegante largometraje experimental que deriva al mundo del caníbalismo como metáfora de todo lo anterior.


Si bien toda la película es digna de ser analizada frame a frame, es digna de mención la ultraviolenta secuencia del final, que sirve como broche perfecto para resumir todo lo narrado a lo largo del filme. Puede estar sujeta a varias interpretaciones, sí, pero lo que es seguro es que cada plano se grabará en la retina del espectador para no salir de ahí en un largo periodo de tiempo. Tirando de tópicos, no dejará a nadie indiferente.

Nicolas Winding-Refn firma una película de autor que, lejos de abandonar el polémico estilo que ya tocase en Only God Forgives, le reafirma como uno de los directores de cine de género de referencia a nivel mundial. Capaz de dotar cada plano de sus largometrajes con una personalidad incontestable. Podéis odiarle o amarle, pero lo que no puede negarse es que es alguien único. Esperando con ansias sus futuros proyectos.


Manuel Azaña González
"Swiss Army Man": La belleza de lo absurdo


Cuando hay un abandono masivo en las salas de Sundance al proyectar una película, cuanto menos da que hablar. Pero si además esta película nos trae a un Daniel Radcliffe flatulento bajo la condición de cadáver, la locura está totalmente asegurada. Así partimos con Swiss Army Man, el primer largometraje de "los Daniels" que no dejará indiferente a nadie.

Sin duda no es la obra más profunda de la historia del cine, no tenemos una reflexión antropológica sobre el origen del universo y sus misterios; pero tampoco estamos ante una fábrica de pedos y chistes fáciles al nivel de Eddie Murphy y su profesor chiflado. Gracias a la narrativa de esta emergente pareja de directores, se nos presenta una combinación casi perfecta entre lo absurdo y lo trascendente. Hay momentos en los que no sabemos si nos están tomando el pelo o si hay algo detrás de todo lo que se está proyectando en pantalla, no obstante conforme vamos avanzando en esta odisea de bizarradas, podemos apreciar que esta hora y media de vida no se ha ido por el retrete. 


Además de saber desarrollar y transmitir una premisa absurda de manera sobresaliente, no podemos dejar de destacar la fotografía y la banda sonora. Visualmente es altamente atractiva, encontrar la belleza donde en principio no la hay es una gran virtud que logran con creces. Pero es que cuando la acompañas con una banda sonora que cuadra tanto en dicha belleza como extrañeza, se nos regala una fantasía en la que nos adentramos sin pensarlo dos veces. Todo es atractivo cuando debería ser tétrico. Un aplauso por este logro que nunca ha sido fácil.

Como se ha mencionado antes, no es una película que entrará en los anales de la historia. Tampoco es la revelación del año. Pero sin duda es algo que no me perdería y desde luego recomendaría sin dudar (no a todo el mundo, claro). Es el punto de partida de dos directores que, de seguir por este camino, serán para tener muy en cuenta. Nunca unos pedos habían sonado tan armónicos.




Borja Tamayo Martínez

Capitán America. Civil War: El formato que conquista Marvel


Cuando los hermanos Russo se subieron al gran y lucrativo carro de la franquicia Vengadores, consiguieron dar una vuelta de tuerca a la perspectiva con la que se estaba tomando la saga. Si con El primer vengador me aburrí soberanamente y mi interés por este personaje estaba por los suelos, con El soldado de invierno  lograron llevarme al otro extremo. Ahora con una trama mucho más ambiciosa y por tanto peligrosa, estos hermanos repiten y vuelven a salir victoriosos.

A diferencia de su competencia, Marvel nunca ha querido tener ningún tipo de trascendencia, sus películas son simples y entretenidas sin pie a universos oscuros y ciudades lúgubres. En Capitán América: Civil War estamos ante la cinta más seria hasta el momento, los personajes protagonistas están perfectamente construidos, sus motivaciones convencen y crean una disputa totalmente argumentada. Pero uno de los méritos que tiene es el hecho de no perder el espíritu en ningún momento, esa clave de humor que aligera cuando lo necesita una trama cargada de peso dramático. Lejos claro de lo que fue Batman v Superman, dos ciclados discutiendo no se sabe bien por qué en una odisea de tortazos absurdos, explosiones a lo Michael Bay y un guion más vomitivo que Crepúsculo. Y es que DC debería bajar un poco los humos, darse cuenta de que son superhéroes y observar cómo lo hacen los que lo hacen bien.

Otra gran virtud es la no sobrecarga de personajes. Dos bandos con muchos de los personajes que ya hemos visto anteriormente que se enfrentan para demostrar que aún quedan historias que contar. Los dos personajes nuevos, Black Panther y Spider-Man se comen la pantalla cada uno a su manera. Si bien uno tiene un mayor fondo pero logrando no convertirse en un cliché de lo moral, el joven hombre araña nos demuestra que el personaje, después de todos los enfurruñamientos de los señores con traje y maletín de Sony, había nacido para entrar en este universo. 

Sigue habiendo cine de superhéores para largo, eso es inevitable, pero siempre y cuando sigan apostando por estos formatos iré encantado al cine. Porque sí, es puro entretenimiento, pero el entretenimiento no se basa únicamente en una pantalla verde con mucho fuego y edificios cayendo. Se necesita una buena historia, un guion coherente y la verdad es que nadie lo ha conseguido tan bien en esta franquicia como los hermanos Russo. Estamos ante la mejor película de Marvel hasta el momento y si el resto consigue estar a la altura, ¡bienvenidas sean!


Borja Tamayo MArtínez
"Kiki, el amor se hace": La nueva comedia de Paco León

Estamos acostumbrados a que un cineasta afirme que ha llevado a cabo una exhaustiva labor de investigación a la hora de elaborar su última película bélica o de época, pero, ¿qué pasa cuándo esta investigación va enfocada a filias sexuales bizarras? Paco León se encarga de traernos el resultado; una comedia divertidísima brillantemente filmada. Da igual que sean películas protagonizadas por Carmina, su madre, que encargos en el más estricto sentido de la expresión. Paco León lo ha demostrado, la comedia es su campo, es capaz de llevar cualquier cosa a su terreno y conseguir un resultado brillantísimo.

Kiki nos cuenta la cinco historias protagonizadas por personas atraídas por cosas sumamente particulares: atracos, tejidos, lágrimas... forzadas, tanto ellas como sus parejas, a aceptarlo a fin de que su relación pueda prosperar.

Estas cinco historias se intercalan unas con otras como si de cinco cortometrajes de alrededor de veinte minutos se tratasen. Cinco productos que, quizás no tendrían validez como productos independientes, pero que actúan como engranajes perfectos de esta fresquísima película.


Es posible que la vigencia de esta película tenga fecha de caducidad, ya no por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. Es hipster/kitsch a rabiar tanto en estética como en el tratamiento de la imagen o la dirección. Esto no es un pero en absoluto, simplemente el apunte de que ha sabido llegar en el momento justo, algo que se reflejará tanto en crítica, como en público. Tomemos ejemplo, rompamos tabúes y disfrutemos de la vida.


Manuel Azaña González
Spotligth: brillante puesta en escena para mostrar la verdad


 Spotligth narra la verídica historia de un grupo de periodistas que en 2002 destaparon una serie de abusos a menores por parte de la Iglesia católica en Estados Unidos. 

La cinta tiene un reparto de lujo (Mark Ruffalo, Michael Keaton, Stanley Tucci, Liev Schreiber y Rachel McAdams...) que trabaja por y para su objetivo. Tienen matices sí, modos de comportamiento que sorprenden como el incansable Ruffalo o el titánico Keaton, pero con una carencia de objetivos individuales impropios de su impecable escenografía. La base es más que solida, pero faltan las guirnaldas. Quizás tiene que ser así y nos encontramos ante un brillante ejercicio periodístico con una potente puesta en escena que huye de artificios, carentes de sentido. Pero, por otro lado ¿es la búsqueda de la verdad suficiente motivo para mover a los personajes por la trama?

Todo ello coincide en una época en la que falta periodismo de investigación es evidente y en la que el número de lectores va bajando considerablemente año tras año. Al fin y al cabo, el trabajo de un periodista es informar, contar la verdad. Por tanto, Spotligth en ese aspecto muestra, de manera realista, el trabajo periodístico brillantemente. Cuenta la verdad, pero del mismo modo que tendría que ser el hacer periodístico, el trabajo de Thomas McCarthy quiere mostrarse imparcial y plantearse otra serie de preguntas, todas ellas amputando aparentemente el dedo acusador. No sólo el quién es importante, sino también el cómo. Estas dudas se ven reflejadas en el propio McCarthy a la hora de encuadrar la historia. La presencia de la Iglesia en la comunidad es abismal, tanto, que la propia sombra e imagen de la catedral de Boston inunda en gran medida una considerable cantidad de planos. Detrás de parques, al fondo de los edificios, al final de la calle, cualquier parte se ve empequeñecida en comparación con el "gran edificio". Por ello, el aparente ejercicio de honestidad periodística no lo es tanto cuando el énfasis recae en la cantidad de casos, dejando de lado el planteamiento tan interesante ( y que hubiera dotado de una mayor trascendencia a la historia) de la nula actitud de la sociedad para la condena del horror.


Spotlight es un brillante ejercicio periodístico con una puesta en escena que evoca al mejor Sidney Lumet pero que dinamita su excelencia bajo la nula capacidad de unos personajes opacos, que hábilmente y durante dos horas sólo te contarán la verdad.


Francisco Eme
"Pesadillas": Mucha acción y poca alma


Si hay una saga literaria que haya marcado mi infancia esa es la de Pesadillas. Con una gran cantidad de publicaciones a sus espaldas, R.L. Stine se abría un hueco en las estanterías de millones de niños. Ahora bien, en el mundo del celuloide nunca llegó a triunfar, y es que su serie televisiva no le llegaba ni a la suela de los zapatos. Ahora llegaba una nueva oportunidad a la gran pantalla, lástima que se quede en eso, oportunidad. 

En esta ocasión no estamos ante una adaptación más de las cientos que se podían hacer. Sin duda es el primer y principal punto a favor del largometraje, recoger todas esas historias para crear una nueva aventura independiente. Siguiendo este esquema hay que decir que el clima que envuelve a la saga no se pierde, un riesgo que consiguen esquivar. Pero podría decirse que hasta aquí llega su parte positiva. 
Desde el comienzo ya te han introducido más clichés que cualquier otra cinta actual que recuerde. Los personajes están demasiado estereotipados, así como los problemas sociales que les envuelven. No hay nada nuevo, pero lo que es peor, lo que hay no está ni bien contado.


Tal vez no llegue a aburrir en ningún momento gracias al dinamismo con el que cuenta el filme. Desde el primer monstruo es un no parar que llevará a los protagonistas por una odisea que concluye como toda historia infantil debe concluir. Pero esto no es ni de cerca suficiente para ganarse a una audiencia cada vez más exigente.
Mientras pasaban los minutos, no podía evitar que se me viniera a la memoria Jumanji, una película infantil que, con lo que esto conlleva, sabe llegar a todo el mundo. Porque volvemos a distinguir entre literatura y cine, si bien la primera goza con la ventaja de poder dirigirse a niños exclusivamente, la segunda es bien sabido que tiene que aspirar a más. No es cuestión de hacer Pesadillas en el cine, es cuestión de contar una buena historia en sí. Ni siquiera mi añorado Slappy consigue rescatar la película.

No, no es lo peor que voy a ver este año, y cualquier niño de 6 años va a pasárselo bien en el cine. Pero cuando el cine infantil está plagado de productoras como Pixar que no solo hacen entretenimiento sino cine de verdad, no me creo que se haya perdido esta oportunidad para rescatar esta saga que tantos nostálgicos puede llevar a las salas. Pero bueno, espero que esto inspire a algún directivo de Hollywood y tire a la basura el remake que se está preparando de Gremlins, porque si esta es la fórmula a seguir, es que el mundo está peor de lo que pensaba.



Borja Tamayo Martínez

"Beasts of No Nation": Preparad las armas

"Preparad las armas" como dice el comandante (Idris Elba) a lo largo de la película, parece ser la premisa que ha lanzado Netflix con esta, su primera película. Escrita y dirigida por Cary Joji Fukunaga, creador de la reciente primera temporada de True Detective y Jane Eyre, narra la historia de Agu (Abraham Attah), un niño africano que tras escapar del horror del que es capaz el ser humano se encuentra luchando ferozmente en una guerra civil.

La primera media hora del film te llega a acariciar el corazón(¿en serio?). Disparos, muerte, desolación… Eso es la guerra y lo que te muestra a la perfección el largometraje, todo es dureza en esta producción. Más que un drama, es una realidad tan asfixiante que te atrapa, te atrapa en tu sofá hasta el final de ella donde te devuelve la paz, la esperanza y el amor por el ser humano.

Pero la película no se queda solo aquí, la gran actuación del londinense, Idris Elba y el pequeño Abraham Attah hacen de algo sumamente horrible una de las películas más bellas de lo que llevamos de año. 

El único pero que puede tener este gran largometraje es no poder verla en pantalla grande y su duración de poco más de dos horas, porque quisieras que fuera más extensa para poder disfrutar de ella por mucho más tiempo.
Jesús Ponce Juan
"El nuevo nuevo testamento": Dios existe y vive en Bruselas

¿Recordáis a Jaco van Dormael? Exacto, ese genio que nos deslumbró a todos con Las vidas posibles de Mr. Nobody y que se dio a conocer con esa maravilla creativa que es Toto, el héroe. Uno de los pocos realizadores que quedan en activo que cada vez que se pone tras una cámara es para crear cine, único y mágico, sin limitarse a hacer pastiches que por muy bien dirigidos que estén no dejan de ser productos vistos una y mil veces. 

En esta ocasión, el director belga nos cuenta la historia de la hija de Dios, una niña que vive en Bruselas con un padre opresor y una madre sumisa que solo limpia la casa y colecciona cromos de beisbol. Su hermano dejó el nido tiempo atrás. Dios no le envió a salvar a la humanidad, simplemente se fue de casa porque su padre era un cabrón.

Con solo dar un vistazo al punto de partida, ya salta a la vista que nos encontramos ante un producto fuera de lo común, pero es que no es solo eso; está contado en una clave de realismo mágico que te sumerge en la historia de principio a fin. Bien es verdad que este recurso que ya explotasen películas como Amélie o Delicatessen puede parecer que usado hasta el tedio, pero aquí sigue conservando el don de la novedad. Seamos claros, esto no es un caso aislado en la filmografía de van Dormael. Este hombre es, simple y llanamente, uno de los padres de el realismo mágico dentro del séptimo arte. 


También es verdad que no todo es un jardín de rosas, como es normal en una película con un contenido tan excelso y complejo como el de esta, es sumamente complejo mantener un nivel constante. Si bien el film comienza en un tono de humor negro a costa de la iglesia tremendamente efectivo, acaba derivando en un drama entrañable que, a pesar de intentar mantener esa comedia que tan bien funcionaba al comienzo, puede acabar por sacar de la partida a alguno de sus espectadores. Es como si se tratase de dos películas distintas, lo cual no tiene porque ser algo malo, no obstante, es una narrativa a la que el público no está acostumbrado y puede llegar a desconcertar.

En resumidas cuentas, El nuevo nuevo testamento es una de esas pocas maravillas con la virtud de aportar algo nuevo. El año pasado tuvimos alguna que otra (Magical Girl, Coherence o Enemy, por citar alguna). Este año parece que llegan algo más tarde, pero mientras comiencen a llegar... bienvenidas sean. Necesitamos más soplos de aire fresco como el film de Jaco van Dormael en este mundo de pastiches y sucedáneos de sucedáneos.


Manuel Azaña González 
"Yo, él y Raquel": Cuando se ama de verdad el cine

La ganadora de la última edición de Sundance, llegaba este pasado viernes a la cartelera de los cines de toda España tras destrozar su título cambiándolo de Me and Earl and the Dying Girl a Yo, él y Raquel. Como su título original indica, la película trata sobre dos chicos que se hacen amigos de una chica a la que le han diagnosticado un cáncer terminal. Como regalo, los amigos deciden hacerle una película solo para ella.

Si algo destaca por encima del resto de cosas en esta película, es el cariño con el que están tratadas cada una de sus partes, denotando verdadero amor por el mundo al que rinde homenaje en cada uno de sus fotogramas. Con la banda sonora de Los 400 golpes y homenajes directos a films tan icónicos como La naranja mecánica o Al final de la escapada. 

Quizás pueda parecer que todo esto contrasta demasiado sobre el papel con el cinismo imperante en todo su metraje, digno de la mejor Juno, pero todo lo contrario, lo que consigue es reforzar todavía más el vínculo que el espectador  cinéfilo crea con esos personajes que aman el cine tanto o más que él. Cine dentro de cine en su vertiente más indie, comedia negra con alma y un drama que, si bien puede ser excesivo en ciertos momentos, está brillantemente medido y solo baila por la línea de lo forzadamente conmovedor.


Yo, él y Raquel es, sin lugar a dudas, una de los mejores largometrajes en lo que va de año y una de las mejores muestras de cine independiente de los últimos tiempos. Adolescentes reales con problemas propios de su edad viéndose forzados a madurar por una situación que todavía les es ajena. Una película que, aunque pase desapercibida y parezca ajena al mundo, como su joven protagonista, es más consciente y empática con todo lo que le rodea de lo que pueda parecer. Una conclusión arrolladoramente humana, un film simplemente especial.


Manuel Azaña González
"Regresión": Yo he venido aquí a hablar de mi libro

Tras un interminable patrón de seis años desde Ágora, su última producción, Amenábar vuelve a ponerse tras las cámaras para traernos Regresión, una cinta que a diferencia de sus anteriores trabajos, no hace un solo guiño a un espectador que, por suerte o por desgracia, acostumbra a estar mimado por este director.

Regresión narra un caso de histeria colectiva que se desató en los años 80 gracias al florecimiento de sectas satánicas que llevaban a cabo rituales  sin ser descubiertos aparentemente a la vista de todos, todo esto acompañado de un guion cerrado de un modo más o menos solvente, una dirección sumamente sólida, increíblemente pulcra de principio a fin y una interpretación más que sobresaliente por parte de Ethan Hawke.

En cuanto a lo más negativo del film, nos encontramos con una Emma Watson  cuyos estados naturales van de estar llorando a resultar inverosímil, sin pasar por ningún otro punto y una trama que se libra de ser tramposa en su totalidad por un simple recurso introducido con calzador a modo de llamada telefónica completamente fuera de contexto, sí, obviamente cumple con su cometido, pero es una forma bastante pobre que convierte un giro de guion que podría haberse revelado como épico en un simple engaño que sí, nos la ha colado para variar, pero ya está, no pasa de ahí.


Alejandro Amenazar, el director que revolucionase el cine español con largometrajes de la talla de Tesis o Los otros, firma una cinta que probablemente no entre esté dentro de lo mejor que nos ha dado este director, pero que ha pesar de no llegar a las expectativas de este hype que los medios se han encargado de hinchar sobremanera, cumple con una dirección sólida y un guion que se revela como redondo en su desenlace. Sin fuegos de artificio, sin apelar a esa épica que el espectador considera imperativa para empezar a considerar como efectivo un giro de guion, haciendo simplemente lo que tiene que hacer y contando lo que tiene que contar. Ni más, ni menos. Un producto que se limita a llevar a cabo su cometido y terminar, un "aquí te pillo, aquí te mato", sin contentar a nadie más allá de una promoción con grandes nombres y un trailer tremendamente efectista.



Manuel Azaña González
"American Ultra": Jason Bourne se cuela en Superfumados


Tú, gafapasta. Sí, el capullo de la segunda fila que no para de quejarse a gritos de que esto está lleno de tópicos y que todo parece una coña de mal gusto, ¿se puede saber qué cojones esperabas ver? Has pagado para ver una película cuya única premisa aparente es ofrecer hostias como panes, chistes pasados por humo y que encima está dirigida por un tío cuya única película conocida era "Project X". No seas mojigato, si esperabas el paradigma de la complejidad desde un punto de vista aristotélico el problema probablemente no sea de la película, sino tuyo. 


Dejando este tipo de cosas aparte y entrando ya en materia, "American Ultra" nos muestra la vida de un fumado cualquiera con problemas de ansiedad que vive con su novia y que, tras encontrarse con un par de matones en un aparcamiento, descubre que es un antiguo superagente capaz de cargarse a quien sea casi sin darse cuenta.



Con esto os podréis imaginar lo que promete la película: entretenimiento ligero con dosis de humor. Y seamos claros, cumple de sobra. Sí, podría intentar ser más consciente de lo que es y ceñirse a ello en vez de tocar demasiados palos para no brillar del todo en ninguno. También podría, ya puestos, intentar satirizar en su totalidad todos los tópicos que intenta tocar y no hacer que sean tan ridículos en el mal sentido de la expresión. Pero no nos equivoquemos, con sus virtudes y defectos, "American Ultra" se desenvuelve con soltura en un área dónde basta con hacer pasar un buen rato al espectador y hacerle reír siempre que sea posible, porque a veces, amigos míos, no se necesita nada más.




Con todo esto y unas interpretaciones protagonistas más que notables, "American Ultra" es una de las producciones más locas en lo que llevamos de año. Ha recibido palos hasta en el cielo de la boca y probablemente siga haciéndolo, pero miremos el lado positivo, mientras todos estos payasos que parece que cagan flores y sudan algodón de azúcar crucifiquen todo aquello que no entra en sus reducidas cabezas donde solo hay sitio para obras de arte, los demás seguiremos disfrutando, disfrutando tanto de aquello que os empeñáis en defenestrar y a nosotros consigue hacérnoslo pasar bien como se propone, como de aquello que alabáis ciegamente sin daros cuenta de que, aun siendo bueno, quizás no es un producto para cualquier momento. Lo peor es que si lo firmase Matthew Vaughn os bajaríais los pantalones. Panda de capullos pretenciosos.




Manuel Azaña González
"Ricki": El recital anual de Meryl Streep


Imaginad que una guionista de sobrado talento como Diablo Cody ( Juno, Young adult) escribe una película que dirige Jonathan Demme y que interpreta Meryl Streep. La mezcla de estos tres colosos debería desembocar en algo cuanto menos interesante. Ese algo es Ricki y ofrece lo que reclama el cartel promocional, un recital de hora y media de Meryl Streep y nada más.

Lo que era de extrañar es que una creadora de personajes femeninos altamente atípicos como Cody no hubiera congeniado nunca con una Meryl Streep cada vez más fugitiva de papeles prefabricados. Sin embargo, un recital no es suficiente si el producto no es redondo y ni Demme ni Cody consiguen dirigir a Ricki hacia un gran concierto, sino que se quedan en teloneros de paso.

El planteamiento inicial es el de una mujer que abandona el papel de madre para perseguir su sueño, perdiendo así la relación con su familia. Es de buen ver este tipo de historia que huye de estereotipos, ya que si nos planteamos siempre el papel del abandono paterno ¿por qué no podemos ver el equivalente materno?,  hasta ahí todo correcto y es que la evolución de la rockera a lo largo del film es evidente, pero su ágil y potente premisa se desploma con un guión sin una clara catarsis final y con anticlimax incluido, además de elementos sobrantes metidos con calzador, la dirección de Demme ni se nota, podría haberla dirigido perfectamente cualquier realizador de sitcom. Detrás de la gran estrella, destaca entre bastidores Mamie Gummer en su papel de hija, vivo reflejo de los odios y afectos de una mujer deshecha, y conexión y motivo de la vuelta temporal a modo de macguffin viviente de Ricky al hogar.


En definitiva, Ricki con un final previsible y con leves sollozos de inconformismo feminista deja un sabor amargo, no por su historia, sino porque siempre se espera más de la gente con talento.


                                                                                                                                 Francisco Eme



"Knock, Knock": Déjeme entenderle, señor Roth

La premisa es bien simple: Evan es un padre de familia feliz que se queda solo en casa el fin de semana por motivos de trabajo. Todo parece ir bien hasta que unas tías llamadas Genesis y Bel se presentan en su puerta con el objetivo de jugar a esconder la salchicha y lo que surja. Supongo que hasta aquí todo bien, sin embargo, la promesa de una "Funny Games" hipersexualizada se pierde rápido entre sus forzadas situaciones que no van a ningún sitio, sus personajes absolutamente carentes de fondo y su total falta de ritmo narrativo.

Es sumamente fácil vender una película de estas características, teniendo en cuenta que el nombre de Eli Roth atrae a los espectadores que buscan "emociones fuertes" por sí solo y que el cine de terror comercial cuanto peor es, mejor se vende, medio trabajo está ya hecho de antemano. Para la desgracia del primer grupo, olvidaos de todo lo que habéis visto de él, "Knock, Knock" ni si quiera ofrece eso. Si eres de los que se ven atraídos por la segunda característica mencionada, esto básicamente va de dos tías corriendo y armando follón en una casa, así que supongo que estás de enhorabuena.

Respecto a las interpretaciones... en fin, como podréis suponer, poco sentido tiene hablar sobre las ellas teniendo en cuenta que los papeles femeninos podrían haber sido llevados a cabo por prácticamente cualquier actriz medianamente de buen ver y que Keanu Reeves no sale repartiendo galletas, que es en lo que en realidad destaca este hombre. Tampoco es que esté especialmente mal, simplemente está, que no es poco teniendo en cuenta como está el panorama. Dejando esto aparte, representan bien su función principal; ejercer de reclamo para que la gente vaya a ver la peli y poco más, no hay que buscarle más pies al gato.


Llegados a este punto, sobra decir que una película basada en jugar al gato y al ratón dentro de una casa es, como poco, previsible, lo cual puede ser hasta bueno teniendo en cuenta que la única cosa que no te ves venir es su desenlace. Un giro inesperado sería positivo de no ser por el hecho de que su única sorpresa viene en forma de anticlímax tamaño XXL, con una resolución que podría haberle servido para redimirse en parte, pero que básicamente despeja las pocas dudas que pudieran quedarte acerca del filme.

Tras las exitosas, a su manera, "Cabin Fever" y "Hostel", Eli Roth se convertía en un referente dentro del cine de terror más gore y macarra que se puede encontrar en una sala convencional. Todo perfecto hasta aquí, al margen de que puedan gustarme más o menos sus películas, he de admitir que tengo una especial debilidad por los directores "de género". Al margen de esto, es un director que destaca por el mimo que pone en cada uno de sus largometrajes, no dejando que vean la luz hasta que son totalmente de su agrado. Este fue el caso de "The Green Inferno", por ejemplo, que llega a los cines este próximo mes de septiembre más de dos años después de su paso por festivales. Es obvio que todo eso no garantiza una buena película, no obstante, son cualidades que hacen que sea inentendible que un director como él dé a luz un producto como este, totalmente mediocre y carente de alma. No me malinterpretéis, no es que "Knock, Knock" sea un bodrio con todas las letras, el problema es que se vende a sí misma como una película de Eli Roth cuando en realidad podría firmarla cualquier otro director y nos lo tragaríamos igual. Tan entretenida como inocua, tan inocua como olvidable.


Manuel Azaña González
"Southpaw": Antoine Fuqua vuelve al ring

Después de unas vacaciones largas e intensas, hoy ha llegado el día; vuelve Fuqua, director que necesita, como mínimo, resarcirse después de The Equalizer, vuelve Gyllenhaal, uno de los actores más en forma de los últimos años y, por último pero no menos importante, vuelve Cenital y Nadir con las reviews de los estrenos más sonados. 

Como habréis podido adivinar tras la breve presentación, hoy es el turno de Southpaw, un filme de boxeo a la vieja usanza dirigido por Antoine Fuqua (Training Day) y protagonizado por un increíble Jake Gyllenhaal en un estado de forma tanto físico como artístico difícil de creer. Acompañando a nuestro protagonista, contamos con Rachel McAdams, una de las actrices de moda por su papel en True Detective, así como con Forest Whitaker (El último rey de Escocia) y Miguel Gómez (The Strain), entre otros.

Billy Hope (Jake Gyllenhaal) es un boxeador en lo más alto de su carrera, tiene todo lo que alguien puede desear, una mujer que le quiere (Rachel McAdams), una hija que le admira (Oona Laurence) y el incondicional afecto del público, pero toda su vida cambia drásticamente cuando su mujer recibe un disparo en medio de una pelea.

Por difícil que parezca, el desarrollo de Southpaw es todavía más simple y convencional que su premisa. Tan predecible como pueda parecer y más manipuladora sentimentalmente hablando de lo que podría dar de sí la trama, no obstante, es tan asquerosamente entretenida que hace que te olvides de que lo que estás viendo ya lo has visto mil veces antes. Que ni su drama es tan puro como el de Warrior (2011), ni su épica llega a la del mítico Rocky, pero cumple con nota su trabajo y su conjunto funciona como un "todo" más que polivalente.


Sin embargo, bien su argumento puede parecer olvidable sobre el papel, en absoluto lo son sus interpretaciones, encabezadas por un Gyllenhaal por el que podría pasarme días deshaciéndome en halagos y quedarme corto, apoyado por la omnipresente Rachel McAdams y por un Forest Whitaker que parece incapaz de hacer un mal papel. Digno de mención aparte el cambio físico de nuestro protagonista, el cual estrenaba hace menos de un año Nightcrawler con 20 kilos menos de los que pesa en Southpaw.

Respecto a lo menos destacable de la película, podríamos limitarlo a Fuqua. Sí, su trabajo con los actores es digno de elogio, así como la elección de esa maravilla de banda sonora que quedará para la posteridad como el último trabajo de James Horner. No obstante, los intentos de autor en forma de recursos innecesarios y algún que otro plano que baila peligrosamente por el eje de acción, chirrían sobremanera en un largometraje cuya principal característica es ofrecer simplemente lo de siempre con una factura notablemente superior.

Si bien podríamos decir que la calidad de la película en general dista de estar a la altura de las actuaciones de su reparto principal, conviene recalcar que en su conjunto sigue siendo un producto más que a tener en cuenta. Puede que su dirección no sea la más acertada de la historia, que su guion no sea el paradigma de la complejidad y que técnicamente hablando sea simplemente eso, convencional, pero, ¿qué más da? la perfección es aburrida y Southpaw no lo es. Dejad de buscarle complicaciones al séptimo arte y limitaos a juzgarlo por lo que es, una forma de evasión, de placer, de diversión; áreas en las que Southpaw aprueba con muy buena nota. Apta para cualquier persona, sea cual sea el momento. Sin ningún complejo ni más pretensión que la de disfrutar de buen cine del de siempre. Buscad una butaca cómoda y preparaos para disfrutar.



Manuel Azaña González
"Jurassic World": Sacando nuestro niño interior


Corría el año 1991, Jurassic Park llegaba a la cartelera y revolucionaba el concepto de blockbuster recaudando más de 900.000.000$. Una auténtica pasada visual que se grabó en la memoria de millones de espectadores para perdurar, como pocas películas, a lo largo del tiempo. Tras una infravalorada secuela, llegó en 2001 la tercera parte. Joe Johnston se ponía a cargo de la dirección para destrozar la esperanza del público. Tanto es así que han tenido que pasar 14 años para que Universal Pictures volviera a encender la mecha, rescatando la franquicia para llamar a las nuevas generaciones.
Así pues las expectativas no eran pocas. Acostumbrados a ver cintas llenas de efectos especiales que solo buscan el dinero fácil, Jurassic  World se preveía como una más de ellas, y el resultado la verdad es que no se ha ido mucho.
El argumento era peligroso: Un dinosaurio inteligente al que combaten con nuestros añorados velociraptores. Tenía muchas papeletas para ser una tontería enorme, pero la verdad es que han sabido jugar sus cartas. El Indominus rex convence desde el minuto 1. Se juega perfectamente con los fuera de campo, creando una tensión que si bien no alcanza al vaso de agua de la original, provocará que la sala apriete las manos en su butaca. Sin abusar de él y sin elementos ridículos (como el teléfono en el estómago del Spinosaurius de Johnston) consiguen recrear un ambiente propio del mismo Spielberg. 

Por otro lado los guiños a la primera parte son tan constantes como agradecidos. La añoranza de lo que fue en su día nuestra primera toma de contacto con la saga está desde el minuto 1. Con algunos más evidentes y otros menos, el niño que llevamos dentro empieza a agitarse. Porque escuchar el tema de John Williams (metamorfoseado por un gran Michael Giacchino) a la par que se nos muestra el parque temático que todos, a simple vista, querríamos visitar, provoca una inevitable sonrisa y los consecuentes pelos de gallina. 

Sin embargo los personajes y su relación no están ni de cerca a la altura. No hacen otra cosa que contaminar la cinta hasta puntos insospechados. Llantos gratuitos, situaciones dramáticas de repente, gags humorísticos sin sentido ni gracia, miradas penetrantes... Todo un conjunto de clichés que aburren hasta al más lacrimógeno. Los actores que interpretan a los niños (en especial al pequeño) no llegan ni a la suela de la hija de Goldblum en The lost World, y eso ya es decir. Mientras que los dos protagonistas no tienen ninguna personalidad, sino que más bien parecen copias baratas de cientos de papeles estereotipados a lo largo de la historia del cine. Ya luego los secundarios para qué contar, absurdos, llanos y sin provocar ninguna clase de empatía en el espectador. Desde luego el punto más flojo del largometraje. Eso y el hecho de ver más emplazamiento del producto que en World War Z (¿entonces el coche seguro que es un Mercedes?)

Tal vez tarde un poco en arrancar (debido a que en la primera parte tienen protagonismo las personas) pero una vez lo hace no para. Secuencias de acción con unos efectos especiales brutales que iluminarían la cara del mismísimo John Hammond. El clímax de la película sobrepasa lo esperado y juega a la perfección con lo que tiene.  
Es por lo tanto una secuela a la altura de lo demandado, pero sigue sin rozar la sombra de la original. Porque siendo sinceros los fallos de guion están presentes, no obstante es un divertimiento para toda la familia que provocará más de una pesadilla entre los pequeños. Lástima que los humanos tengan que hablar en la película.


Borja Tamayo Martínez



"Dando la nota: aún más alto": We're Back, Pitches

En 2012, Pitch Perfect llegaba a las salas de todo el mundo complaciendo a todo tipo de públicos con su inocua comedia musical de corte adolescente. Tres años después, el elenco vuelve a reunirse para traernos un producto que puede que no sea mejor que su predecesora, puede que, puestos a ser críticos, no sea ni diferente. No obstante, conserva la virtud de entretener desde la más absoluta sencillez y eso se agradece.

Anna Kendrick vuelve a protagonizar esta entrega, siendo esta vez la líder de unas "Bellas" que ya han llegado a su último año y a las que se les ha prohibido volver a actuar. Para redimirse, tendrán que ganar el campeonato del mundo de canto a capella, ayudadas por su nueva compañera, la nominada al Oscar en 2010 por Valor de Ley Hailee Caribe Steinfeld, encargada de encarnar a la heredera de una antigua integrante de las "Bellas".

La premisa es tan absurda como su desarrollo, pero lejos de ser una traba para el filme, es un elemento del que se aprovechan para no tener que poner límites a aquello que pueden llevar a cabo sin rebasar los límites del filme. Como es obvio, esto es un arma de doble filo; los gags de la compañera mexicana, agotan; Rebel Wilson (Amy la gorda), es capaz de llevar a cabo tanto las escenas más graciosas de la película, como las más desafortunadas y, quizás sea solo cosa mía, pero, como actriz, Brittany Snow me resulta sumamente desagradable para la vista.


Por otro lado, hay que decir que Anna Kendrick se desenvuelve genial en todo tipo de registros y este no iba a ser una excepción. No para de crecer desde que sorprendiera al mundo en Up in the Air. Hay que reconocer aun así que el resto del elenco tampoco desmerece en absoluto. A su vez, he de reconocer que me resultaron tremendamente graciosos los chistes "políticamente incorrectos" del comentarista (por llamarlo de algún modo).

Nadie hubiese apostado hace un par de años por su predecesora al igual que supongo que nadie apostaría por esta. Al igual que pasara entonces, la película de Anna Kendrick ha cumplido con creces las expectativas de su público objetivo a la vez que resulta un guilty pleasure sumamente entretenido de principio a fin para todos aquellos que no acostumbramos a disfrutar de este tipo de cine.


Manuel Azaña González
"Mad Max: Fury Road": What a Lovely Day

Siento no poder aportar un punto de vista distinto al que muchos han aportado antes, pero cuando ponen ante ti una obra maestra de estas dimensiones, no queda otra que bajarse los pantalones, aplaudir con fuerza y recomendarle a todo el mundo encarecidamente que la vea.

Mad Max cerró su trilogía original hace ahora exactamente 30 años con una última entrega que unía a Tina Turner con Mel Gibson, el "Max" original y que hizo a George Miller parar a recapacitar y replantearse el futuro de ese particular universo postapocalíptico al que su mente había dado vida. 30 años después, de los cuáles ha pasado 10 gestando esta aberración, se obró el milagro.

Tom Hardy es el encargado de dar vida a nuestro protag esta vez, un Max atormentadísimo por su pasado en un mundo que parece más cercano a su segunda entrega (el mítico pulso contra Humungus), con visiones recurrentes sobre todo de su hija fallecida, pero también de todos aquellos a los que no pudo salvar. Por otra parte tenemos a Charlize Theron dando vida a Imperator Furiosa, acerca de la cual Miller ya ha expresado sus deseos de realizar un spin-off. Un trastornado Nicholas Hoult es el encargado de completar un trío protagonista que cierran una panda de modelos al más puro estilo Victoria Secret.


La verdad es que como punto de partida para una película que es, literalmente, una persecución de 120 minutos no está nada mal. Universo curradísimo en el que ya no queda un alma normal. Personajes sumamente caracterizados y carismáticos, mundo hiperrealista que apenas guiña un ojo al espectador. Porque no hay mejor tensión sexual que la que se resuelve con un saludo al tiempo que se desaparece entre la multitud.

Violencia cruda y necesaria, nunca gratuita, cuyo frenetismo hará ponerse en pie en la butaca a más de uno. Una banda sonora acojonante. Solos de guitarra para la historia. Adereza este cóctel molotov con los efectos especiales más brutales y milimétricos que un servidor alcanza a recordar y tendrás como resultado una película casi tan esquizofrénica como la crítica que la acompaña, quizás una de las mejores cintas de acción de la historia y, sin lugar a dudas, el mejor largometraje en lo que llevamos de año. Solo me queda decir que me dais mucha envidia aquellos que no la habéis visto aún, porque me fliparía poder disfrutarla otra vez por primera vez.


Manuel Azaña González