Tras triunfar en el Festival de San Sebastián, la semana pasada Loreak llegó a algunos cines de España. Pocos, a pesar de la gran acogida y buenas críticas que obtuvo en su comunidad natal, siendo líder de taquilla en la semana de su estreno. Película vasca, rodada en vasco, sí, todos somos conscientes de que no es cine del que le recomendarías a tu abuelo, que está medio sordo y solo disfruta con el cine de John Wayne y de Chuck Norris, no obstante, las cosas bien hechas han de quedarse como están. Porque una vasca con todas las de ley no puede estar doblada con la voz de Angelina, que chirría aunque no quieras. Si el director ha decidido no doblarla, respetad su decisión aunque venda menos y no hagáis que el peor doblaje de la historia de una película al español, sea de una película española, valga la redundancia. Imposible encontrar una copia sin doblar fuera de los límites del País Vasco. Pasan cosas surrealistas dentro de nuestras fronteras y el séptimo arte no esta exento de sufrirlas.

Al margen de todo esto, la película nos cuenta la historia de Ane, una mujer que vive una época en la que problemas de autoestima y maritales forman parte de su día a día. Sin previo aviso comienza a recibir un ramo de flores todos los jueves, algo que sin duda le ayuda a volver a despertarse con ilusión cada mañana de su vida. A su vez, conocemos la historia de Lourdes, una mujer recién casada que no consigue que su suegra Tere la acepte. El desarrollo de estas historias y el cómo se entrelazan suponen el leitmotiv de uno de los dramas más simples pero a la vez más complejos que nos ha dado el cine este año, complejo porque todo el largometraje está movido por ramos de flores, simple porque, al fin y al cabo, no son más que flores.


Un drama delicadísimo que muestra con la mayor sencillez de la que es capaz los paralelismos entre sus personajes mientras ven cómo avanzan sus vidas. Cómo unos logran salir de sus particulares pozos gracias a las flores mientras otros se ven sumergidos en ellos. Cómo unas aparentemente simples margaritas representan un adiós, un perdón o tan solo un "buenos días" a modo de metáfora. Esto es lo que entraña esa complejidad que se disipa al observar de un modo más frío lo que es la historia en realidad. Sin más, espero que tengáis la suerte de verla, porque si ahora es complejo, puede que llegue a serlo aún más en el futuro y aunque no sea la mayor maravilla del año... merece la pena y siempre hay que apoyar el cine de nuestra península, que todos sabemos no pasa por un buen momento y es sumamente complejo sacar adelante un proyecto como para que luego nadie pueda acceder a él.


Manuel Azaña González

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