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"Swiss Army Man": La belleza de lo absurdo


Cuando hay un abandono masivo en las salas de Sundance al proyectar una película, cuanto menos da que hablar. Pero si además esta película nos trae a un Daniel Radcliffe flatulento bajo la condición de cadáver, la locura está totalmente asegurada. Así partimos con Swiss Army Man, el primer largometraje de "los Daniels" que no dejará indiferente a nadie.

Sin duda no es la obra más profunda de la historia del cine, no tenemos una reflexión antropológica sobre el origen del universo y sus misterios; pero tampoco estamos ante una fábrica de pedos y chistes fáciles al nivel de Eddie Murphy y su profesor chiflado. Gracias a la narrativa de esta emergente pareja de directores, se nos presenta una combinación casi perfecta entre lo absurdo y lo trascendente. Hay momentos en los que no sabemos si nos están tomando el pelo o si hay algo detrás de todo lo que se está proyectando en pantalla, no obstante conforme vamos avanzando en esta odisea de bizarradas, podemos apreciar que esta hora y media de vida no se ha ido por el retrete. 


Además de saber desarrollar y transmitir una premisa absurda de manera sobresaliente, no podemos dejar de destacar la fotografía y la banda sonora. Visualmente es altamente atractiva, encontrar la belleza donde en principio no la hay es una gran virtud que logran con creces. Pero es que cuando la acompañas con una banda sonora que cuadra tanto en dicha belleza como extrañeza, se nos regala una fantasía en la que nos adentramos sin pensarlo dos veces. Todo es atractivo cuando debería ser tétrico. Un aplauso por este logro que nunca ha sido fácil.

Como se ha mencionado antes, no es una película que entrará en los anales de la historia. Tampoco es la revelación del año. Pero sin duda es algo que no me perdería y desde luego recomendaría sin dudar (no a todo el mundo, claro). Es el punto de partida de dos directores que, de seguir por este camino, serán para tener muy en cuenta. Nunca unos pedos habían sonado tan armónicos.




Borja Tamayo Martínez

Spotligth: brillante puesta en escena para mostrar la verdad


 Spotligth narra la verídica historia de un grupo de periodistas que en 2002 destaparon una serie de abusos a menores por parte de la Iglesia católica en Estados Unidos. 

La cinta tiene un reparto de lujo (Mark Ruffalo, Michael Keaton, Stanley Tucci, Liev Schreiber y Rachel McAdams...) que trabaja por y para su objetivo. Tienen matices sí, modos de comportamiento que sorprenden como el incansable Ruffalo o el titánico Keaton, pero con una carencia de objetivos individuales impropios de su impecable escenografía. La base es más que solida, pero faltan las guirnaldas. Quizás tiene que ser así y nos encontramos ante un brillante ejercicio periodístico con una potente puesta en escena que huye de artificios, carentes de sentido. Pero, por otro lado ¿es la búsqueda de la verdad suficiente motivo para mover a los personajes por la trama?

Todo ello coincide en una época en la que falta periodismo de investigación es evidente y en la que el número de lectores va bajando considerablemente año tras año. Al fin y al cabo, el trabajo de un periodista es informar, contar la verdad. Por tanto, Spotligth en ese aspecto muestra, de manera realista, el trabajo periodístico brillantemente. Cuenta la verdad, pero del mismo modo que tendría que ser el hacer periodístico, el trabajo de Thomas McCarthy quiere mostrarse imparcial y plantearse otra serie de preguntas, todas ellas amputando aparentemente el dedo acusador. No sólo el quién es importante, sino también el cómo. Estas dudas se ven reflejadas en el propio McCarthy a la hora de encuadrar la historia. La presencia de la Iglesia en la comunidad es abismal, tanto, que la propia sombra e imagen de la catedral de Boston inunda en gran medida una considerable cantidad de planos. Detrás de parques, al fondo de los edificios, al final de la calle, cualquier parte se ve empequeñecida en comparación con el "gran edificio". Por ello, el aparente ejercicio de honestidad periodística no lo es tanto cuando el énfasis recae en la cantidad de casos, dejando de lado el planteamiento tan interesante ( y que hubiera dotado de una mayor trascendencia a la historia) de la nula actitud de la sociedad para la condena del horror.


Spotlight es un brillante ejercicio periodístico con una puesta en escena que evoca al mejor Sidney Lumet pero que dinamita su excelencia bajo la nula capacidad de unos personajes opacos, que hábilmente y durante dos horas sólo te contarán la verdad.


Francisco Eme
"Show me a hero": La verdadera edad dorada de la TV


No me canso de hablar de la maestría del señor David Simon, porque si hay alguien capaz de elevar el nivel televisivo un escalón más, es él. Con trabajos a sus espaldas como The Wire o Treme, ahora mismo podría hacer lo que quisiera, pero no cambia. Criticar temas que a día de hoy siguen a flor de piel como el racismo y la corrupción es lo que plasma en cada producto que lleva a cabo. Por lo que era cuestión de tiempo que adaptara esta historia, porque parece hecha para que él la realizara.

Show me a hero nos cuenta la vida de Nick Wasicsko, alcalde de Yorkers, una ciudad en principio con poco que contar. Pero con sus 6 episodios vemos que esto no es así. Mientras el pueblo pide que el gobierno elimine la normativa por la cual se ven obligados a construir viviendas sociales para los menos favorecidos, nuestro protagonista tendrá que hacer frente a los gobernados. Como ya hizo anteriormente, Simon nos vuelve a colocar en la contraposición de ambos mundos. Vemos de nuevo los bajos fondos de la ciudad, donde todo es crimen pero no todos criminales. Familias que solo buscan prosperar en un ambiente más sano, algo que no contentará a la parte mejor establecida de la sociedad, llena de personas clasistas que tendrán miedo de las nuevas incorporaciones a sus acomodados barrios. Gracias a esto podemos ver que no son los pobres los que tienen que cambiar, el mundo de la droga no concierne solo a los traficantes sino a todos los que se ven afectados por este. Los prejuicios son uno de los mayores virus que contamina la sociedad y su cura está en la aceptación. Algo que muchos de los protagonistas irán aprendiendo poco a poco.

Paul Haggis sabe llevar a un Oscar Isaac de la mano a una de sus mejores interpretaciones. Desde la felicidad en el inicio de la serie hasta la más profunda depresión por el abandono de aquellos que le dieron la mano en su momento al final; consigue plasmar a la perfección esa progresión hacia la caída inevitable forjada por un sistema contaminado. Porque no hay que olvidar que si la figura representada se fundamenta en el progreso que suponen sus ideas, estas ideas vienen causadas por el éxito entre los bajos fondos. Ideales que se verán destrozados y enterrados en aras del triunfo político. Todo es un bucle que se repite y que solo cambia según los votantes vayan cediendo. No consiste en que la gente con poder aporte valores éticos a la sociedad, sino en contentar al pueblo para poder llegar al ayuntamiento.

Es pues una muestra más de que la televisión no tiene límites. Que ganar dinero no es el único objetivo cuando se cuentan historias. Hay mundo después de los patrones que triunfan para quedarse y seguir facturando. Lástima que España aún no sepa apreciar esta edad que estamos viviendo, pero ya le llegará su momento. Porque son estos productos los que dejan su huella en la historia, y nosotros somos los que tenemos en nuestra mano agradecer el vivir en esta época.


Borja Tamayo Martínez
"Beasts of No Nation": Preparad las armas

"Preparad las armas" como dice el comandante (Idris Elba) a lo largo de la película, parece ser la premisa que ha lanzado Netflix con esta, su primera película. Escrita y dirigida por Cary Joji Fukunaga, creador de la reciente primera temporada de True Detective y Jane Eyre, narra la historia de Agu (Abraham Attah), un niño africano que tras escapar del horror del que es capaz el ser humano se encuentra luchando ferozmente en una guerra civil.

La primera media hora del film te llega a acariciar el corazón(¿en serio?). Disparos, muerte, desolación… Eso es la guerra y lo que te muestra a la perfección el largometraje, todo es dureza en esta producción. Más que un drama, es una realidad tan asfixiante que te atrapa, te atrapa en tu sofá hasta el final de ella donde te devuelve la paz, la esperanza y el amor por el ser humano.

Pero la película no se queda solo aquí, la gran actuación del londinense, Idris Elba y el pequeño Abraham Attah hacen de algo sumamente horrible una de las películas más bellas de lo que llevamos de año. 

El único pero que puede tener este gran largometraje es no poder verla en pantalla grande y su duración de poco más de dos horas, porque quisieras que fuera más extensa para poder disfrutar de ella por mucho más tiempo.
Jesús Ponce Juan
"Yo, él y Raquel": Cuando se ama de verdad el cine

La ganadora de la última edición de Sundance, llegaba este pasado viernes a la cartelera de los cines de toda España tras destrozar su título cambiándolo de Me and Earl and the Dying Girl a Yo, él y Raquel. Como su título original indica, la película trata sobre dos chicos que se hacen amigos de una chica a la que le han diagnosticado un cáncer terminal. Como regalo, los amigos deciden hacerle una película solo para ella.

Si algo destaca por encima del resto de cosas en esta película, es el cariño con el que están tratadas cada una de sus partes, denotando verdadero amor por el mundo al que rinde homenaje en cada uno de sus fotogramas. Con la banda sonora de Los 400 golpes y homenajes directos a films tan icónicos como La naranja mecánica o Al final de la escapada. 

Quizás pueda parecer que todo esto contrasta demasiado sobre el papel con el cinismo imperante en todo su metraje, digno de la mejor Juno, pero todo lo contrario, lo que consigue es reforzar todavía más el vínculo que el espectador  cinéfilo crea con esos personajes que aman el cine tanto o más que él. Cine dentro de cine en su vertiente más indie, comedia negra con alma y un drama que, si bien puede ser excesivo en ciertos momentos, está brillantemente medido y solo baila por la línea de lo forzadamente conmovedor.


Yo, él y Raquel es, sin lugar a dudas, una de los mejores largometrajes en lo que va de año y una de las mejores muestras de cine independiente de los últimos tiempos. Adolescentes reales con problemas propios de su edad viéndose forzados a madurar por una situación que todavía les es ajena. Una película que, aunque pase desapercibida y parezca ajena al mundo, como su joven protagonista, es más consciente y empática con todo lo que le rodea de lo que pueda parecer. Una conclusión arrolladoramente humana, un film simplemente especial.


Manuel Azaña González
"Fear The Walking Dead": No quiero irme así


Hace seis años comenzaba una revolución en la televisión, los zombis llegaban para comerse el cerebro de cada espectador. Ahora bien, lo que nadie se esperaba es que los propios espectadores se convertirían en muertos vivientes a causa de la decadencia de la serie. Este verano había una nueva oportunidad para volver a los orígenes que trajeron una audiencia millonaria a la AMC con un spin-off: Fear the walking dead.
La propuesta en esencia es atractiva, observar como el mundo se va quebrando con personajes totalmente inexplorados no es un mal plan. Sobre todo sabiendo que eran solo 6 episodios, lo que equivale a la supresión de historias innecesarias en busca de alargar lucrativamente el producto. Ahora bien, eso es en esencia.

El primer golpe que nos llevaremos es el hecho que hizo menguar la calidad de su hermana mayor, los caminantes no tienen el mayor peso de la historia, no son el verdadero riesgo. Si bien es cierto que el concepto requiere calma y paciencia en un principio, no es de recibo que tarde tanto en arrancar (en concreto toda la temporada). Volvemos a lo mismo, relaciones personales en un mundo distópico. Aunque para acción por la acción tenemos Z nation (mala y feliz de serlo), no podemos evitar echar de menos situaciones que nos hagan segregar un mínimo de adrenalina. Porque no estamos viendo una serie dramática de calidad como podría ser Treme, no, estamos viendo el apocalipsis y queremos un poco más de vísceras. Que sí, sin abusar, pero SON ZOMBIS, queremos sangre.

Por otro lado el transcurso de la historia es, cuanto menos, inverosímil. ¿De verdad me estas diciendo que esta es la causa del fin del mundo? Algo que me chirría desde la primera temporada de la original es la poca movilidad de los muertos. Dejarlos así te priva de situaciones de estrés que podemos ver en otros productos como 28 días después o la olvidada Dead Set. Porque no puedo creerme que por muchos infectados que haya, el ejército de EE.UU no pueda combatir a unos tíos andando como si estuvieran volviendo a casa de fiesta. Partiendo de este sinsentido, los guionistas tratan de dar un argumento de peso a los acontecimientos, algo que se queda en una incongruencia aún mayor. Pintan a los militares como malos y punto. Es que es imposible pasar por ahí, no puede ser que el fin del mundo sea por culpa de una familia con miedo y unos militares fascistas. Llamadme loco, pero espero más de nuestra sociedad. Simplemente no lo compro.

Tenía pocas esperanzas en esta nueva apuesta que fue anunciada el año pasado e hice bien. Porque no he querido morirme durante estas seis horas que han compuesto la primera tanda de episodios, pero eso no lo hace una buena serie. No lo es. Personajes insustanciales enfrentándose de manera aún más insustancial a una situación que no debería serlo. El desarrollo de los mismos es tan previsible como deficiente. Y como ya nos han malacostumbrado anteriormente, nada pasa de verdad hasta la season finale. Pero lo peor de todo es que el verano de 2016 llegará y sin aprender de mis errores veré la segunda temporada.

Borja Tamayo Martínez
"Treme": La cultura popular lo puede todo.


No hay que ver muchas series para darse cuenta de que la HBO es otro mundo en la televisión. Se apuesta por producciones de calidad gracias a su condición de cadena por cable, algo que en la pública es realmente complicado. Ahora bien, dentro de ese mundo creado por la misma, si hay una figura digna de ser destacada es la de David Simon. El mismo que nos regaló una de las mejores (si no la mejor) series de la historia con The wire, se propuso en 2010 llevarnos al barrio de Tremé con 36 episodios de sobra absorbentes. 

Nueva Orleans, 2005, tres meses después del huracán Katrina. El mismo huracán que casi borra la ciudad estadounidense del mapa. Así comienzan los primeros pasos de esta serie. Como ya nos demostró con su obra maestra, Simon es capaz como nadie de llevarnos a un realismo extremo en sus guiones. Historias de personas de verdad en una situación fuera de lo común. Porque partimos de una base dada por el mismo creador en varias ocasiones: "que se joda el espectador medio". No encontraremos historias de amor donde todos son pajaritos, héroes luchando contra el mal o policías resolviendo crímenes a diario. No, aquí estamos viendo a gente con sus problemas reales tales como los que podríamos tener cualquiera de nosotros. Por lo que no todo el mundo estará dispuesto a dejarse llevar por esta odisea, pero no por ello se ha cambiado el diseño previsto para realizarla como estaba prevista, porque esta es una de las razones de que sea tan grande como es. 

Una ciudad con mucha cultura que ofrecer. Ese es el mensaje clave. No importa que un huracán les devastase a causa de una corrupción que les tenía desprotegidos, que el crimen aceche en cada esquina, que el gobierno no apoye la situación para los más desfavorecidos, que los seguros busquen cualquier alcantarilla para esconderse ante tantas casas destrozadas; nada de esto importa si los habitantes están convencidos de sí mismos. Cada nota tocada en cada instrumento es el verdadero ladrillo que construye la ciudad, cada bar demuestra la pasión por la que debían prevalecer. Episodio a episodio van transmitiéndonos esa realidad. Desde el carnaval de Mardi Gras hasta sus marchas funerarias. La música es el pan de cada día del que nadie se cansaría. Una tradición que te traslada a sus calles y te hacen desear haber nacido allí a pesar de todo.

Simon repite en su crítica social como ya había hecho antes. Ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos, el bien y el mal está en todas las clases de la sociedad. Tenemos desde el principio una visión pesimista en cuanto a los altos cargos se refiere, pasando por los diques mal construidos que provocaron la catástrofe en la primera temporada y llegando a los encubrimientos policiales ante los actos de abuso cuatro años después en la última. No importa el tiempo que pase, lo negativo (al igual que lo positivo) va a prevalecer por mucho que se luche por erradicarlo. 


Treme es una de esas series que se merece ser recordada sin importar el paso de los años. It's not TV, it's HBO ese es el lema con el que se han fundamentado desde Oz, pero con este magistral equipo subimos un escalón más. Porque si hay algo que saben conseguir magistralmente es hacer que cualquier producto televisivo a su lado parezca, cuanto menos, superficial. Habrá gente que diga que es aburrida y lenta, pero también hay gente que lo dice de Los Soprano. Cualquiera que no la haya visto debería ponerse a su servicio, porque si menos es más, aquí el "más" nos lleva de nuevo a rozar la perfección. 

Borja Tamayo Martínez
"Ricki": El recital anual de Meryl Streep


Imaginad que una guionista de sobrado talento como Diablo Cody ( Juno, Young adult) escribe una película que dirige Jonathan Demme y que interpreta Meryl Streep. La mezcla de estos tres colosos debería desembocar en algo cuanto menos interesante. Ese algo es Ricki y ofrece lo que reclama el cartel promocional, un recital de hora y media de Meryl Streep y nada más.

Lo que era de extrañar es que una creadora de personajes femeninos altamente atípicos como Cody no hubiera congeniado nunca con una Meryl Streep cada vez más fugitiva de papeles prefabricados. Sin embargo, un recital no es suficiente si el producto no es redondo y ni Demme ni Cody consiguen dirigir a Ricki hacia un gran concierto, sino que se quedan en teloneros de paso.

El planteamiento inicial es el de una mujer que abandona el papel de madre para perseguir su sueño, perdiendo así la relación con su familia. Es de buen ver este tipo de historia que huye de estereotipos, ya que si nos planteamos siempre el papel del abandono paterno ¿por qué no podemos ver el equivalente materno?,  hasta ahí todo correcto y es que la evolución de la rockera a lo largo del film es evidente, pero su ágil y potente premisa se desploma con un guión sin una clara catarsis final y con anticlimax incluido, además de elementos sobrantes metidos con calzador, la dirección de Demme ni se nota, podría haberla dirigido perfectamente cualquier realizador de sitcom. Detrás de la gran estrella, destaca entre bastidores Mamie Gummer en su papel de hija, vivo reflejo de los odios y afectos de una mujer deshecha, y conexión y motivo de la vuelta temporal a modo de macguffin viviente de Ricky al hogar.


En definitiva, Ricki con un final previsible y con leves sollozos de inconformismo feminista deja un sabor amargo, no por su historia, sino porque siempre se espera más de la gente con talento.


                                                                                                                                 Francisco Eme



"Southpaw": Antoine Fuqua vuelve al ring

Después de unas vacaciones largas e intensas, hoy ha llegado el día; vuelve Fuqua, director que necesita, como mínimo, resarcirse después de The Equalizer, vuelve Gyllenhaal, uno de los actores más en forma de los últimos años y, por último pero no menos importante, vuelve Cenital y Nadir con las reviews de los estrenos más sonados. 

Como habréis podido adivinar tras la breve presentación, hoy es el turno de Southpaw, un filme de boxeo a la vieja usanza dirigido por Antoine Fuqua (Training Day) y protagonizado por un increíble Jake Gyllenhaal en un estado de forma tanto físico como artístico difícil de creer. Acompañando a nuestro protagonista, contamos con Rachel McAdams, una de las actrices de moda por su papel en True Detective, así como con Forest Whitaker (El último rey de Escocia) y Miguel Gómez (The Strain), entre otros.

Billy Hope (Jake Gyllenhaal) es un boxeador en lo más alto de su carrera, tiene todo lo que alguien puede desear, una mujer que le quiere (Rachel McAdams), una hija que le admira (Oona Laurence) y el incondicional afecto del público, pero toda su vida cambia drásticamente cuando su mujer recibe un disparo en medio de una pelea.

Por difícil que parezca, el desarrollo de Southpaw es todavía más simple y convencional que su premisa. Tan predecible como pueda parecer y más manipuladora sentimentalmente hablando de lo que podría dar de sí la trama, no obstante, es tan asquerosamente entretenida que hace que te olvides de que lo que estás viendo ya lo has visto mil veces antes. Que ni su drama es tan puro como el de Warrior (2011), ni su épica llega a la del mítico Rocky, pero cumple con nota su trabajo y su conjunto funciona como un "todo" más que polivalente.


Sin embargo, bien su argumento puede parecer olvidable sobre el papel, en absoluto lo son sus interpretaciones, encabezadas por un Gyllenhaal por el que podría pasarme días deshaciéndome en halagos y quedarme corto, apoyado por la omnipresente Rachel McAdams y por un Forest Whitaker que parece incapaz de hacer un mal papel. Digno de mención aparte el cambio físico de nuestro protagonista, el cual estrenaba hace menos de un año Nightcrawler con 20 kilos menos de los que pesa en Southpaw.

Respecto a lo menos destacable de la película, podríamos limitarlo a Fuqua. Sí, su trabajo con los actores es digno de elogio, así como la elección de esa maravilla de banda sonora que quedará para la posteridad como el último trabajo de James Horner. No obstante, los intentos de autor en forma de recursos innecesarios y algún que otro plano que baila peligrosamente por el eje de acción, chirrían sobremanera en un largometraje cuya principal característica es ofrecer simplemente lo de siempre con una factura notablemente superior.

Si bien podríamos decir que la calidad de la película en general dista de estar a la altura de las actuaciones de su reparto principal, conviene recalcar que en su conjunto sigue siendo un producto más que a tener en cuenta. Puede que su dirección no sea la más acertada de la historia, que su guion no sea el paradigma de la complejidad y que técnicamente hablando sea simplemente eso, convencional, pero, ¿qué más da? la perfección es aburrida y Southpaw no lo es. Dejad de buscarle complicaciones al séptimo arte y limitaos a juzgarlo por lo que es, una forma de evasión, de placer, de diversión; áreas en las que Southpaw aprueba con muy buena nota. Apta para cualquier persona, sea cual sea el momento. Sin ningún complejo ni más pretensión que la de disfrutar de buen cine del de siempre. Buscad una butaca cómoda y preparaos para disfrutar.



Manuel Azaña González
"Lost River": Descenso a lo más oscuro del ser humano

Lost River nos sitúa en una Detroit ficticia inundada debido a la ruptura de una presa vista a través de los ojos de la familia de Bones (Ian de Caestecker), un joven problemático que se dedica a robar chatarra para sobrevivir, con una madre (Christina Hendricks) que a duras penas puede pagar la casa en la que viven y un hermano pequeño que apenas es capaz de caminar todavía sin ayuda. Sus problemas económicos llevan a la madre a adentrarse en un sádico mundo de fantasía en forma de salón de variedades gore, en el que solo tienen cabida los deseos más profundos de aquellos que lo frecuentan.

Es difícil encuadrar dentro de un género una película tan personal como esta. Supongo que podría decirse que bebe un poco de todo y a la vez tiene tiempo a lanzar una sutil crítica social mostrando una devastada sociedad víctima de una crisis tanto social como económica, en la que cada vez menos familias son capaces de pagar la hipoteca, capaz de sumir al mundo en una especie de anarquía en la que solo vencen los más hijos de puta, hablando en plata. Un poco como ahora, solo que a mayor escala.

Pero es que Lost River está unos cuantos pasos por delante de esos envenenados dardos que lanza. Está película es un viaje de ida y vuelta a los deseos más primarios del ser humano, al terror más profundo encarnado por el cabronazo de Bully (Matt Smith se marca una bestialidad de papel) y por Face, su perturbador esbirro, a la curiosidad del joven Bones, que descubre un nuevo mundo bajo el agua y a la inocencia interrumpida de Rat (Saoirse Ronan), que se ve obligada desde muy pequeña a cuidar de su abuela, todo ello  desarrollado en un ambiente tan sumamente lynchiano que acojona y maravilla a la vez.


Podéis acusar a Gosling de "copiar" a los mayores, pero por esa misma regla de tres, luego no os bajéis los pantalones viendo cualquier película de Tarantino o de Cristopher Nolan (o, qué coño, de cualquier otro). Lost River está plagada de referencias a David Lynch, Winding Refn, Kubrick... e incluso a Fellini, pero, hablando claro, Gosling ha hecho la película que le ha dado la gana, personal hasta la saciedad, con una fotografía sobresaturada que pone la piel de gallina y una trama tan oscura como los ambientes en los que se desarrolla.

Abucheada en Cannes, vapuleada por la crítica y dirigida por Ryan Gosling, uno de los niños mimados de Hollywood. Puede oler mal, pero aun así, Lost River es, sin lugar a dudas, una de las mejores y más arriesgadas películas que he visto en lo que va de año. 


Manuel Azaña González
"Felices 140": ¿Y si el dinero no diese la felicidad?

Gracia Querejeta, directora de la aclamada 15 años y un día (para bien y para mal), vuelve a ponerse tras las cámaras para traernos una comedia negra basada en la amistad y en cómo esta puede tambalearse de haber unos cuantos millones de por medio. 

Maribel Verdú vuelve a ponerse a las órdenes de una directora que parece que no acaba de exprimirla del todo. Bien es verdad que quizás no soy todo lo imparcial que debería ser con ella dado que no es una actriz que me maraville, por decirlo de una forma sutil. Por otra parte, quitando contadas excepciones, el resto del elenco cumple con su cometido. De hecho, en el caso de Eduard Fernández, Antonio de la Torre y Álex O'dogherty, diría que con creces.

Una película que podríamos calificar como inocua, a secas, con una primera mitad en un tono de comedia bastante ligero, pero descafeinado hasta la saciedad y una segunda mitad que si bien logra alcanzar el ritmo del que adolece la primera, acaba por antojárseme algo cansina en su tramo final. 


El guion, sin ser brillante, se muestra bastante sólido durante casi todo el metraje y los giros la verdad es que están muy, pero que muy bien insertados en la historia. Lo dicho, con sus virtudes y sus defectos, es un largometraje que se deja ver con relativa facilidad para ver casi con quién sea en el momento que sea. Pero poco más allá de un planteamiento original llevado a cabo de una forma simplemente correcta.


Manuel Azaña González
"Negociador": Humor corrosivo en situaciones delicadas

Negociador, de Cobeaga, es una narración libre de los hechos acontecidos en 2005 en Francia que acabaron desembocando en el alto el fuego de ETA. Ramón Barea, actor fetiche de Cobeaga, interpreta a Manu, enviado para representar al gobierno español en el diálogo con el grupo nacionalista vasco.

El eterno olvidado Borja Cobeaga, director de Pagafantas y guionista de Ocho apellidos vascos, se pone tras las cámaras para traernos esta comedia ácida con una temática que ya podríamos denominar como recurrente en su trabajo: la política en su vertiente más polémica. Ya demostró con Democracia y Aupa Josu sus facultades para trabajar estos temas y Negociador es, sin lugar a dudas, la guinda del pastel.

Ramón Barea, ayudado por el que probablemente sea el guion más redondo de este director, hace lo que sin lugar a dudas es el papel de su vida. Josean Bengoetxea es un acompañante sólido durante la primera mitad del filme, pero lo que hace Carlos Areces en la segunda mitad interpretando al cabecilla etarra es un tema aparte. Comedia e ira absoluta a partes iguales. Da más miedo aquí que en Balada triste de trompeta y no, no es exagerar. No es de extrañar que año a año se esté posicionando como una de las cabezas más importantes dentro del cine español. Por otra parte, en lo referente a los cameos, destacar las desternillantes intervenciones de Secun de la Rosa y Raúl Arévalo, otro par de genios que, al igual que pasa con Areces, eclipsan la pantalla cada vez que salen a escena.



En resumidas cuentas, estamos ante uno de los autores más capacitados del panorama actual y sus posibilidades aún no han empezado ni a explotarse. Si todavía no lo conocéis, solo os puedo decir que os recomiendo que comencéis por sus geniales cortometrajes Éramos pocos, con Mariví Bilbao, Novio de mierda, con Ernesto Sevilla y el ya mencionado Democracia, con Oscar Ladoire y Luis Bermejo (Magical Girl). No os arrepentiréis.


Manuel Azaña González
"Focus": Una oportunidad fallida para Will Smith

Tras el estrepitoso (y justificado) fracaso de After Earth no ha sido fácil ver a Will Smith en la gran pantalla más allá de un par de papeles secundarios. Con Focus llegaba su oportunidad de redención, no obstante parece confirmarse el hecho de que el carismático actor debe cambiar de agente y no escoger papeles al azar. 

La historia es tan sencilla como vista. Unos timadores que se asocian y van dando golpes, donde todo va bien hasta que se mezclan los sentimientos y gente peligrosa a la que es mejor idea no engañar. Como ya nada es nuevo en el planteamiento ni siquiera pretenden detenerse a explicar ciertas cosas, te las sueltan y punto. Es un "sabemos que lo sabes pero a ver si pasas un buen rato", es decir, entretenimiento que ni se molesta en ser bien desarrollado. Los personajes siguen la línea del filme, llanos, sin un trasfondo que interese más allá de lo bien/mal que les salgan las cosas y sin absolutamente nada que aportar. Caras bonitas que se juntan para formar un conjunto superficial. 

La verdad es que es imposible no enamorarse de Margot Robbie (ya fue imposible en El lobo de Wall Street) pero eso no implica que haga un buen trabajo. Al igual que su compañero, se encuentra con un guión pobre que no es más que una mancha lucrativa en su carrera. No tiene ningún mérito interpretar estos papeles, y es una lástima ver a un actor que marcó la infancia de muchísima gente al ritmo del rap de Bel-Air o dando caza a insectos alienígenas no elegir bien las películas desde hace demasiado tiempo. Porque con En busca de la felicidad ya nos demostró que si bien no está entre los más grandes, es un buen actor que puede perfectamente moverse entre su conocida comedia al drama sin ni siquiera pestañear.



Si el producto va a ser palomitero por lo menos que no nos tomen por idiotas. Porque hay determinadas (seguramente demasiadas) cintas que para su disfrute requieren de palomitas y refresco que con el único punto a favor con el que cuentan es que pasas un "buen" rato. Pero con Focus esto tampoco llega a cumplirse, porque el principal logro es conseguir aburrir con un metraje tan rápido. Aunque bueno, tal vez haya un segundo punto de vista en el que el director forma parte del argumento y el verdadero timo final era la película en sí misma. Quién sabe.



Borja Tamayo Martínez
"Chappie": Más humano que la propia humanidad

Chappie nos cuenta la historia de Deon, creador de los scouts, escuadrón formado por unos robots policía que han solucionado la elevadísima tasa de criminalidad en Johannesburgo. Continuando con sus investigaciones, logra desarrollar una inteligencia artificial sin limitaciones. Cuando va a probar su programa en el scout 22, un robot averiado, es secuestrado por la banda de Ninja, que le ayuda a dar vida a su creación. Ha nacido Chappie, el primer robot con capacidad para pensar y sentir, pero aún es solo un niño...

Así da comienzo la nueva maravilla de Blomkamp, vapuleada por aquella crítica que se la ha tomado en serio cuando no lo hace ni ella misma y amada por todos aquellos que cada día estamos más sorprendidos con el aire fresco que emana del cine de este sudafricano. ¿Qué ya lo hemos visto? Puede que sí, pero no os equivoquéis, nunca así.

Chappie es una película que queda bien con todo el mundo; amantes del cine comercial en general, de la ciencia ficción, de las comedias desenfadadas... joder, es que hasta con los fans de Die Antwoord. No nos equivoquemos, esto no es algo malo. De hecho, dudo que la película consiguiera lo que quiere lograr de no darse este hecho. Inteligencia artificial de andar por casa, sí. Pero coherente con el contenido de toda la producción y siendo fiel a los comienzos, programando a pico y pala, como se ha hecho siempre.


Mención especial a la música de Die Antwoord, omnipresente en todo el filme y mucho más disfrutable con la vocecita de Yolandi acompañándonos durante toda la película ejerciendo de madre de nuestro carismático robot. Por otra parte, Sharlto Copley mola hasta robotizado, habrá que ver cómo se las apaña Blomkamp para meterlo en su película de Alien. Ya resulta inconcebible una película de este director sin él de por medio. En cuanto a la parte del reparto más conocida... tanto Dev Patel, como Sigourney Weaver y Hugh Jackman están correctos. He de admitir que en ocasiones Jackman me resultó algo molesto, pero como diría Chappie "Te perdono". 

Neil Blomkamp, director de Distrito 9 y Elysium, nos trae otra película de ciencia ficción en su querida Sudáfrica con entretenimiento palomitero de calidad y crítica social a partes iguales. Estamos delante de un tío capaz de representar el apartheid con alienígenas o robots y que, tras ver los concept arts con los que se ha ganado el derecho de dirigir la siguiente película de Alien, solo acaba de empezar.


Manuel Azaña González
"A Most Violent Year": Desarmando el cine criminal


El nombre de J.C.Chandor ya sonaba con fuerza, desde hace algún tiempo, en las oficinas de Hollywood, concretamente desde 2011 cuando nos sorprendió a todos con su opera prima Margin call. Hasta entonces Chandor solo había realizado algunos comerciales para televisión y documentales de bajo presupuesto. A Margin call le siguió la menor Cuando todo está perdido (2013) y ahora el realizador de Nueva Jersey nos trae A most violent year , una producción a la altura de su primera película.

El film narra la salida adelante del negocio de un padre de familia (Oscar Isaac) en el Nueva York de 1981, el más violento según las estadísticas en la historia de la ciudad. 

Cualquiera podría pensar que esta es otra historia de ascensión al poder del típico inmigrante para el que todo vale y más en un ambiente como el mencionado, nada más lejos de la realidad. En una situación continua de atracos y de robos en su negocio el protagonista se niega a formar parte de esa espiral de violencia incluso cuando esta se planta en su hogar, Chandor vuelve a brindarnos de una sobria y fría puesta en escena y vuelve a rodearse cómo no de un gran reparto. La química entre Oscar Isaac y Jessica Chastain sirve de paraguas para un tormenta de emociones de la que no nos llegamos a empapar puesto que aunque la valía y la inteligencia de la película es palpable la simplicidad esperada de sus giros argumentales nos hace desconectar de la angustia generada a lo largo de la trama.

Con todo, A most violent year es una cinta encomiable por el desarme propuesto en cuanto al género de cine criminal se refiere y supone un galardón más que ya identifican a Chandor como un director rebelde que intenta huir de los convencionalismos fáciles de digerir en el Hollywood actual.


Francisco Carrasco Orrico

"Ex Machina": Para entusiasmados de Isaac Asimov

Alex Garland debuta en la dirección con esta sobria cinta sobre la complejidad de la inteligencia artificial. Ex Machina nos cuenta la historia de Caleb, un programador que trabaja para el principal motor de búsqueda del mundo. Caleb es seleccionado por el creador de su empresa, una de las mentes más brillantes de la historia, para probar su nueva creación: una mujer capaz de pensar y sentir por sí misma.

A pesar de lo que podamos pensar basándonos en su sinopsis, Ex Machina no es una cinta más sobre inteligencia artificial con un par de conceptos claros de Isaac Asimov. Explora la complejidad de una sociedad que recopila datos de todos nosotros a través de buscadores y redes sociales, critica la falsa intimidad de la que disfrutamos cada vez que nos conectamos a internet y da vida a esa posible realidad en la que el ser humano se ve superado por las máquinas que él mismo creó.

La película está protagonizada por Domhnall Gleeson (Harry Potter y las reliquias de la muerte), Oscar Isaac (A propósito de Llewyn Davis) y Alicia Vikander (El quinto poder), una joven actriz con una presencia casi magnética a la que no le van a faltar papeles a partir de ahora. Respecto a los dos primeros... por si no han tenido unos últimos años suficientemente potentes con producciones de la talla de El año más violento o Unbroken, ahora tienen en el horno la séptima entrega de Star Wars, en la que ambos tendrán papeles importantísimos.


A pesar de su aparentemente pausado ritmo, ofrecerá tanto al espectador como este quiera implicarse en su obra. Entusiasma, divierte y aterroriza, a la vez, porque como apunta uno de nuestros protagonistas y ya vaticinó Alan Turing, creador del test en el que se basa la película, el progreso es inevitable. El día en el que no podamos distinguir la realidad de la ficción cada vez está más cerca.

Ex Machina es, en resumidas cuentas, una de las obras de ciencia ficción más cuidadas que nos han regalado en lo que llevamos de siglo. Directa al olimpo de la sci-fi más seria y compleja a pesar de su aparente sencillez, junto a maravillas de la talla de Coherence, Moon o Distrito 9. Una firme candidata a obra maestra del género que, con toda probabilidad, pasará desapercibida para el público medio, pero que nadie debería perderse.


Manuel Azaña González
"Selma": la pequeña pieza de la historia que se hizo larga

Ava DuVernay nos trae este importante recordatorio de un momento clave de la historia, la historia del triunfo de la no violencia de Matin Luther King a pesar de que el presidente Johnson se esforzase en ignorarlos y el pueblo sureño pagase con verdaderas atrocidades sus esfuerzos por integrarse y lograr la igualdad. La historia del pequeño pueblo de Selma, que actuó como trampolín para que el pueblo negro lograse obtener los derechos fundamentales, consiguiendo que por primera vez el resto del mundo se solidarizase con ellos y diesen un pequeño paso para la obtención del voto.

Desafortunadamente, la historia en la gran pantalla no cala tan hondo como puede parecer sobre el papel. Selma tiene un inicio muy potente pero que pierde fuelle a lo largo de sus más de dos horas de duración. No me malinterpretéis, no es en absoluto una mala película, pero le sobra metraje hasta un punto que su inteligente guion no puede maquillar. 

David Oyelowo (Interstellar) es el encargado de interpretar al Dr. King. Quizás su interpretación no esté (ni de lejos) a la altura de los principales competidores que tuvo el año pasado, no obstante, es uno de los responsables de que la película no se hunda en su lento ritmo. Sin relucir, puede ser, pero no cabe duda de que es sólida de principio a fin se mire desde el prisma en que se mire. Respecto a las demás... bueno, no brillan tanto como puede hacerlo la de nuestro protagonista, pero no desentonan en absoluto.


En resumidas cuentas, Selma es una película con un inicio perfecto, un guion envidiable y unas interpretaciones a la altura de lo anterior, como mínimo. No obstante, se hace larga en su segunda mitad. Puede que de haber tenido los derechos de los discursos reales, hubiesen podido mantener en vilo al espectador esperando un "algo" con fuerza que les mantuviese pegados a la pantalla. No lo sé, lo que es innegable es que Selma es una buena película que se queda a medio camino a la hora de mantener la tensión argumental y cerrar su tramo final.

Manuel Azaña González
Crítica "American Sniper": ¡USA! ¡USA! ¡USA!


Clint Eastwood nos ha demostrado ser, a lo largo de los años, un gran director. Sin Perdón, Invictus, Million Dollar Baby... Grandes películas que emocionaron a muchos y le llevaron a lo más alto, llegando a ganar el Oscar en varias ocasiones. Ahora bien, El francotirador no es así. Nominada a mejor película por inercia, porque parece que si chillas muy fuerte que America mola y los americanos se matan por ella te ponen en la lista de nominados.

American Sniper nos cuenta la historia real del francotirador que más gente ha matado, un gesto digno de elogio solo en USA. Divide la película en la parte bélica y la personal de nuestro protagonista, combinando ambas durante los años que sirvió en Irak. Pero se queda coja por todos lados. No se profundiza en ninguna de las dos y se va perdiendo el interés progresivamente. 
Las actuaciones (o actuación más bien) no destacan en ningún momento. Bradley Cooper, actor al que tengo en estima, no logra mostrar la psicología del personaje. Sin el más mínimo atisbo de emoción en la representación, aunque sea frialdad lo que se intenta transmitir, hace que no se empatice con el personaje y nos deje de importar lo que le pase. Una falta clara de profundización en una película que se supone que nos iba dar a conocer la dureza que supone tener que disparar y quitar una vida sin importar cuál sea.

En la parte de la guerra podemos ver a un militar que se dedica a disparar e intentar dar caza a otro francotirador (el de los malos) para así quedarse en paz consigo mismo y volver a casa. Las tramas secundarias flojean y se desarrollan a medias. No importa quién sea ese tío del taladro ni lo que haga, solo importa el gatillo de Cooper. Es cierto que hay ocasiones en la que la tensión está bien mantenida, sobre todo en el primer tercio del filme, pero la dureza de la situación no tiene ninguna fuerza. La crudeza, el sufrimiento y la devastación de una guerra para ambos bandos no se plasma. Parece que Eastwood está más interesado en justificar la guerra que en mostrarnos la realidad de la misma.
La parte personal y la vida íntima también se queda corta. Las relaciones padre-hijo apenas roza la superficie y el punto de vista de la mujer se deja totalmente de lado para mostrarnos a una madre que se pasa el día llorando sin crearnos lazos sentimentales con ella. Basan las dos horas y cuarto alrededor del marine y obvian a los personajes secundarios completamente (lo del hermano sí que no tiene ningún sentido).

Un conjunto que a pesar de la duración se queda corto, no se sabe bien que te quieren contar. La parte más sentimental no es tratada, dejando un plato superficial que no satisface ni lo más mínimo. Parece ser que El orgullo de la nación del que Hitler estaba tan orgulloso en Malditos Bastardos no está tan lejos. Si ya es injusta su nominación no hablemos si se hubiera llevado el premio. La próxima vez menos banderitas y más contenido.


Borja Tamayo Martínez