Cary Grant, Orson Welles, Charles Chaplin. Ninguno
de ellos tiene ni tendrá jamás un Oscar a mejor actor principal o secundario
(y no, Los Oscar honoríficos no valen). ¿Es tan relevante para un actor ganar
la estatuilla?. Es evidente que Leonardo Dicaprio es un talentoso actor que
sabe sacar partido a una poderosa gesticulación y a un encanto mimético, pero
un Oscar es un reconocimiento que, haciendo un repaso a la historia, es
simplemente eso, una estatuilla. Algo físico que se pierde en la memoria. El reconocimiento
te lo da el público, no la Academia. Ese reconocimiento puede ser totalmente en
balde, ¿o acaso alguno recordaréis a Whoopi Goldberg por su Oscar en la
película “Ghost”?, ¿Todos los odios hacia Nicolas Cage se silencian ante su
estatuilla por “Leaving las Vegas”?. Poca gente tiene una buena imagen de ellos
interpretativamente hablando, pero quién entiende un poco de este arte, sabe
quién es Kirk Douglas, y no, él tampoco obtuvo dicho reconocimiento.
Por eso, suena a risa eso de “este año es el de Dicaprio”, “se lo merece, son muchos años ya”, cuando la verdad es que nunca lo tuvo tan difícil. En primer lugar por Matthew Mcconaughey, ese tío que nos ha dejado a todos con la boca abierta, “el nuevo Christian Bale”, con la diferencia de que el galés jamás fue el guapito de la comedia romanticona. Es esa la transformación más sorprendente y la que más pesa a la hora de elegir un ganador. En segundo lugar competía con el Propio Bale que se escondía detrás del maquillaje para estar otra vez más que correcto. En tercer lugar, Chiwetel Ejiofor protagonizando una lucha contra la desesperanza y la injusticia como pocos han hecho. Por último, competía también con Bruce Dern ya nominado una vez por “Coming Home” y que, con 77 años era digno de admirar que pudiese estar otra vez ahí. Cualquiera podría decir “Sí, ya, eso está muy bien, pero ¿y las tres nominaciones anteriores?”.

Obtuvo en 1993 su primera nominación al mejor actor de reparto a los 18 años por “¿A quién ama Gilbert Grape”. Ese año competía con nombres como Ralph Fiennes (“La lista de Schindler”), Tommy Lee Jones (“El fugitivo”, que resultó ganador), John Malkovich (“En la línea de fuego”) y Pete Postlewaite (“En el nombre del padre”). Los inconvenientes: Principalmente la juventud. Mientras que un enorme añadido es el nivel presente en esa edición en la que cualquiera se podría haber llevado la estatuilla.
En 2004 le llegaba a los 30 años, la primera nominación a mejor actor principal por “El Aviador”. Ese año la competencia no era tan dura pero ahí estaban interpretaciones como la de Don Cheadle en la masacre de “Hotel Rwanda” o Jamie Fox interpretando al cantante Ray Charles en “Ray” lo que le valió finalmente conseguir el galardón. Los inconvenientes: Quizás exageró demasiado su interpretación, la expuso como una obra teatral en vez de como una interpretación cinematográfica. El papel de un músico ciego y drogadicto era un mayor reto para Fox que se ganó el aplauso de la crítica y público.
Su tercera nominación le llegó a los 39 años por “Diamantes de sangre” que es, para un servidor, su mejor interpretación. Acento sudafricano y un personaje que te convence desde el primer instante en que lo ves trapicheando con las citadas piedras preciosas. Parece que no le importe nada más pero no siempre las cosas son lo que aparentan ser.
Los inconvenientes: Forest Whitaker y una película inglesa, “El último rey de Escocia” en la que protagonizaba al dictador ugandés Idi Amin.
No hubo discusión alguna ese año, el papel de Dicaprio pasó desapercibido por la Academia.

Realmente Leo nunca ha tenido fácil ganar un Oscar, siempre ha habido una competencia de gran nivel y, sin embargo, el público siempre ha estado de su parte.
Puede que gane una estatuilla el año que viene, puede que no la gane nunca, pero ¿quién se acuerda de aquellos que aún teniendo un Oscar no nos hicieron vibrar, llorar, reír y amar?. Dennis Hopper, James Dean, Kirk Douglas (que aún está vivo)… son mitos del celuloide que no poseen el máximo reconocimiento del cine y que, a pesar de ello, son inmortales en la memoria.
Tranquilo, Leo, yo preferiría estar en el recuerdo junto a estos colosos antes que conseguir un galardón y no haber trasmitido nada en mi carrera.
Francisco Carrasco Orrico
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