La segunda temporada de "Hannibal" llegaba a su fin en Estados Unidos este viernes, y nos dejó con un muy buen "sabor de boca". Lo mejor de la serie es su no-competición con la trilogía de Anthony Hopkins, ya que a pesar de estar basada en "El dragón rojo", es una libre adaptación, evitándose críticas por el poco parecido con los libros. El reparto no tiene desperdicio, Mads Mikkelsen interpreta a la perfección a nuestro querido psiquiatra, que con Hugh Dancy como Will Graham (Edward Norton en la película) y Laurence Fishburne que nos hace olvidar su etapa en el CSI, nos  van sorprendiendo por momentos. 
El año pasado nos dejaba con ganas de más, a pesar de su lento comienzo pero que, capítulo a capítulo, conseguía engancharnos al televisor y aumentar la impaciencia por devorar la siguiente emisión. La trama se nos presentaba complicada, Will Graham estaba encerrado, acusado de los crímenes que el propio Dr. Lecter había perpetrado, y durante el primer tercio de esta segunda temporada se produce una lucha por demostrar su inocencia. Entre tanto se van produciendo asesinatos que distancian de lo normal, siguiendo la línea de la primera tanda, y que con la ayuda del convicto co-protagonista, se irán resolviendo, pero no de la forma natural a la que estamos mal acostumbrados por culpa de las incontables series policíacas. En el segundo tercio, la temporada toma un descanso en lo que a tensión se refiere y la psicología empieza a jugar un papel importante, haciendo que el espectador se pregunte qué es el bien y qué es el mal. Parece que Hannibal no solo toca las mentes en la ficción. Pero en la recta final, se vuelve a ese ritmo vertiginoso en el que no se puede esperar una semana para que llegue otro episodio; todos los personajes están comprometidos, y el futuro de cada uno es totalmente incierto, y finalmente, como el año anterior, el último capítulo deja alucinada a toda la audiencia. Además se nos han dado referencias a la segunda película de la saga, apareciendo la "víctima" desfigurada (encarnada anteriormente por Gary Oldman), mostrándonos su historia de la manera mas sórdida posible; y, hasta el propio final, nos recuerda al del largometraje.
No obstante, no solo la historia es lo que merece la pena en esta serie, la estética es algo mucho más que sobresaliente. La oscuridad que envuelve a cada personaje es impresionante, cada plano está medido a la perfección, mostrándonos una representación brutal de cada situación. Además de la ya mencionada interpretación de Mikkelsen, que nada tiene que envidiar de la de Hopkins (por impensable que pareciera en un primer momento), la excelencia es algo que nos acompaña en cada aparición del actor. Acompañado de música clásica y un comportamiento refinado, Hannibal lleva a cabo en la cocina una serie de atrocidades en las que el canibalismo consigue parecer algo de lo más natural, que llevará al espectador a mirar con sentimientos contradictorios unos platos más que apetecibles si no fuera por el contenido humano de estos. Por último cabe destacar un nuevo elemento con respecto a la primera temporada, el sexo; el Dr. Lecter lleva a cabo relaciones sexuales, algo que podría haberse plasmado de la misma forma de siempre, pero no, la elegancia es primordial en cada acción que desempeña, y aquí no podía ser diferente.
La psicología es el plato principal en el banquete que nos regalan. Will Graham supera la fase de inadaptado social, volcando todo el odio contra su psiquiatra, alguien que le cree su amigo, aunque a su peculiar manera. Las visiones de Will no cesan, mediante música estridente e imágenes que rozan en ocasiones lo macabro, conseguimos ver como es atormentado nuestro protagonista. Por otro lado, cada frase que dice Hannibal, como doctor, está cargada de significado, y contemplamos la exquisita forma que tiene de manipular a su voluntad las mentes de sus víctimas, que no son pocas. La palabra es el principal arma de este despiadado psicópata, que no teme ni siquiera a la muerte, a la que se enfrenta en varias ocasiones, sino que calcula fríamente cada situación, además de sus despiadados y letales movimientos.

Ha sido una temporada más salvaje, más gore, que nos ha sorprendido a todos, a pesar de mostrarnos en el primer episodio una secuencia del último, pero las ideas que pudimos hacernos no estaban ni siquiera cerca de este gran final. Bryan Fuller, creador de la serie, ha anunciado que la historia se resolverá tras seis temporadas, esperemos que los de la NBC sigan con el criterio que han empleado hasta ahora, dando prioridad a la calidad y no a los millones. Recordad que no es una serie para todos los "estómagos" y que las mentes más sensibles podrían definirla como desagradable; pero superada esta fase, nos encontramos ante una de las mejores adaptaciones televisivas, que últimamente no están siendo pocas.
"Bon Appétit"

Borja Tamayo Martínez

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