El cine francés es inagotable en cada una de sus vertientes, capaz de crear un clímax perfecto en un profundo drama existencialista (Hace mucho que te quiero), de dar a conocer increíbles historias acontecidas en la época de la ocupación Nazi (La llave de Sarah) e incluso de atreverse a adentrarse en lo más profundo del cine de suspense de la vieja escuela (No se lo digas a nadie) para reinventarlo. A pesar de todo, he de admitir que tengo debilidad por cómo tratan el cine de terror en general y el gore en concreto. No busca contentar al espectador sirviéndose de guiños baratos, solo contar su historia por políticamente incorrecta que parezca sobre el papel, ejemplos de esto son Alta tensión, À L'intérieur, La horda... o Martyrs, sin ir más lejos.
Martyrs (2008) nos cuenta la historia de una pequeña niña que, tras una temporada desaparecida, es vista deambulando por una carretera en estado de shock. La policía descubre que ha estado cautiva en un antiguo matadero. La identidad de los responsables del secuestro así como sus razones son un misterio. Cuando parecía que todo esto había quedado atrás, nuestra protagonista vuelve a verse salpicada por una historia que no ha podido dejar atrás. Una historia que busca explorar los límites del dolor humano con el fin de obtener respuestas para las grandes preguntas que se hace la humanidad desde tiempos inmemoriales.
Pascal Laugier es quien se pone tras las cámaras para presentarnos uno de los largometrajes más crudos de los últimos tiempos. Si al principio comentábamos que el cine francés de esta índole rara vez hacía algún guiño al espectador, Martyrs literalmente le escupe en la cara. Poco importa que el público consiga crear vínculos con alguno de los personajes principales, la historia está por encima de todo eso y la intención del director es mostrarla tal y como es, sin adornos, sin dar las cosas mascaditas al espectador para que las digiera, porque si la vida es una mierda no va a oler mejor si la envuelves con un lacito rosa. Que tome nota el cine sobre el "American dream", manido hasta la saciedad, así como el moralismo imperante en el cine español, al que le cuesta sangre, sudor y lágrimas ser políticamente incorrecto (como si la situación pudiese empeorar todavía más). No solo se puede hacer cine de verdad siendo fiel a lo que quieres, sino que probablemente sea la única forma de verdad de hacer arte dentro de esta fuente de cultura. Martyrs deja claro que tiene esta lección aprendida, de principio a fin. Poco importa su ínfimo presupuesto y la poca experiencia previa que tenía su director.
Manuel Azaña González
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"No solo se puede hacer cine de verdad siendo fiel a lo que quieres, sino que probablemente sea la única forma de verdad de hacer arte dentro de esta fuente de cultura". Que gran verdad, película cruda, durísima, de esas que te incomodan en el mismo modo que te apasionan y que todo buen amante del cine debería ver alguna vez en la vida, siendo plenamente consciente de que va a ver algo que no se ve normalmente por su extrema dureza, pero a la vez una enorme película.
ResponderEliminarMe uno a la recomendación y a la fascinación por el cine francés de los últimos años, especialmente el de terror si, pero en todos los ámbitos creo que nuestros vecinos están a un gran nivel ultimamente.
http://tododesdemisofa.blogspot.com.es