Hace ya unos tres meses que dio comienzo The Strain, la serie de "vampiros" basada en la saga de novelas de Guillermo del Toro y Chuck Hogan. Puede gustar o no gustar, lo que es innegable es que desde el primer momento queda claro que no estás ante un producto típico; para empezar el problema se nos presenta a modo de epidemia. El contagio se produce mediante unos gusanos que, alojados bajo la piel, te convierten en strigoi, vampiros de la mitología rumana que atacan mediante un largo apéndice que sale de su boca. Ephraim Goodweather, cabeza del CDC, investigará lo que a primera vista parece ser una epidemia.

Como todo, The Strain tiene sus partes positivas y negativas. Para empezar, la presentación de la "plaga", al más puro estilo contagio de Soderbergh, con altos cargos trabajando en su propagación, cortando comunicaciones y facilitando su divulgación. Por otra parte, tenemos a los vampiros en sí, sin adornos, verdaderos monstruos con una agresividad comparable a la de los infectados de 28 días después, con esa lengua kilométrica capaz de contagiar a cualquiera si deja caer un gusano sobre él. No podríamos terminar de hablar sobre la parte positiva de The Strain sin mencionar a los personajes Abraham Setrakian, interpretado por David Bradley (Game of Thrones, Harry Potter), Vasiliy Fet, representado por Kevin Durand (Ases calientes), Gus, interpretado por Miguel Gómez, actor novel y Eichorst, uno de nuestros antagonistas interpretado por Richard Sammel (Malditos bastardos).

Respecto a las partes negativas, habría que empezar hablando del maquillaje de The Master. Más que el monstruo más malvado sobre la faz de la Tierra, parece un peluche bizarro salido de El delirante mundo de los Feebles. No sé qué opinaréis vosotros, pero personalmente opino que algo más sencillo como Eichorst sin maquillaje puede dar mucho, muchísimo más miedo. Por otra parte tenemos a la familia de Ephraim, con la que es imposible empatizar. Un niño demasiado ñoño y responsable a ratos que en algunos momentos llega a recordar al hijo de Rick en The Walking Dead. Una mujer que poco o nada pone de su parte para caer bien al espectador, intentando apartar al pequeño de su padre y rehaciendo su vida con un personaje que nos es presentado como un completo imbécil. Esto, como es obvio, no es un problema de quién interpreta, no obstante, hay que reconocer que ellos tampoco ponen de su parte para hacernos más atractivos esos personajes.

En definitiva, una serie que empieza fuerte, evoluciona mejor y nos trae vampiros perturbadores de verdad. Sin sexo, sin amor, sin glamour... simplemente se vale de la crudeza de los hechos que cuenta para llegar a lo más hondo del espectador. Tendremos que esperar hasta julio del año que viene para resolver todas las preguntas que quedan sin respuesta. ¿Qué nos depararán las tropas de élite vampíricas ahora que Gus se ha unido a ellas?, ¿a quién más reclutarán?, ¿desde cuándo vendrá este enfrentamiento entre vampiros "buenos" y "malos?, ¿hasta dónde llegarán nuestros protagonistas en su viaje?, ¿Se puede matar a The Master? Y así hasta el infinito. Habrá que esperar hasta 2015, mientras tanto, los más curiosos podéis seguir la saga mediante los libros y los que no la hayáis visto aún, aprovechad, en breves comenzarán a emitirla en Cuatro.

Manuel Azaña González

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