Exodus: Dioses y reyes de Ridley Scott se antojaba pastosa ya en su producción. Algo así como la Noah de Aranofsky. Siempre hay una esperanza de calidad cuando Ridley está detrás de las cámaras y más cuando viene de dirigir El consejero , una cinta arriesgada, atrevida, y sobre todo nada comercial. Pero al igual que Aranofsky, el director inglés peca de efectista y complaciente.
Su reparto se vende solo: Christian Bale, Joel Edgerton, Sigourney Weaver, Ben Kingsley, John Turturro, etc. Sin embargo, Ridley no le hace ningún favor al personaje de Christian Bale. Su Moisés no tiene ninguna transformación palpable. Las elipsis temporales matan su evolución y sus cambios interpretativos se limitan a un mero corte de pelo y a un cambio de vestuario y así, pasamos de tener un Moisés exiliado a un hombre casado con familia . El Ramsés de Joel Edgerton le gana la partida en este aspecto, es el rol más humano del film( tampoco era difícil destacar ante la esperpenta dirección de casting).
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¿Visualmente potente? si, pero vacía. No tiene nada que implique al espectador, su simbología es pobre y sus diálogos podrían convertir a Francisco I en Nietzsche. Su intento de racionalizar todo y a la vez incluir elementos fantásticos marea, confunde y supone una cobardía nada propia del director de Gladiator. Pero cuando crees que la cinta no puede ir a peor, surgen las plagas. Se termina de ceder ante el espectáculo y ni la muerte de los primogénitos nos despierta, demasiado tarde, nos da igual.
Falto ya de ideas, Ridley también sabe reciclarse y se monta una Robin Hood a orillas del Mar Muerto, la huída le queda ridícula y el cara a cara de los hermanos parece digno de parodia.
Con el visionado de Exodus: Dioses y reyes un cristiano se inmolaría, un agnóstico se dormiría y un ateo se pondría Blade Runner.
Francisco Carrasco
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