Si acudimos a un diccionario de la RAE, en la definición de
la palabra cine encontraremos: "Técnica, arte e
industria de la cinematografía." Es decir, se combinan dos aspectos cruciales a
la hora de ver el mundo: la visión artística y la visión lucrativa. Dos
aspectos a menudo contrarios que tendrán un punto medio marcado por el
espectador.
Evidentemente no se puede dejar de lado el mundo de las ganancias
monetarias, nadie dedica su vida a algo para alimentarse en comedores sociales,
pero no por esto se debería basar todo en ello. Hollywood es una industria. Por
cada una buena película que surge, sacan 50 que lo único que tienen por
objetivo es llenar las salas; y lo peor de todo es que lo consiguen. “¿Algo
funciona? Pues explotémoslo.”
Por supuesto que el entretenimiento es crucial en este aspecto,
pero no todo debería serlo. Citando a Pablo Arribas: “el problema no es comer
basura, es no distinguir que lo es”. Hay momentos en los que solo me apetece
sentarme en el sofá y ponerme la primera cosa que me haga pasar el rato,
independientemente de su calidad, pero aquellas personas que no solo hacen esto
únicamente, sino que defienden que son grandes cintas son las que marcan la
taquilla.
En este país la gente se limita a basuras intelectuales que
degradan al ser humano hasta límites insospechados como Gran Hermano (bueno, Telecinco
así en conjunto) y pasa por alto lo que de verdad es calidad. Porque ir a ver
Torrente está muy bien, pero se obvian otros filmes, como es el caso de Magical
Girl este mismo año, que verdaderamente puede considerarse una obra de arte. Ciñéndome
al ejemplo mencionado, ¿cómo es posible que una de las mejores películas del
año se proyectara solo una semana en un pequeño cine en toda Valencia? Me
parece vergonzoso el límite de creación audiovisual que se ha marcado. El mundo
de la TV es aún más exagerado. No hay riesgo, si una cosa funciona te meten mil
productos similares. Pérez Reverte tiene razón, aquí no hay una HBO. ¿Tan
difícil es dar un golpe en la mesa y comenzar a producir series de verdad? No,
las cadenas no quieren materiales realmente trabajados (Isabel podría ser una
de las pocas excepciones), quieren entretenimiento descuidado que dista mucho
de otras producciones europeas. Lo fácil es lo que se hace. Pero este límite
que ponen las productoras (evidentemente con fines lucrativos) está marcado por
nuestra sociedad. Esa sociedad que solo va al cine cuando baja un euro con
respecto al día del espectador. Esa sociedad que se nutre a base de Mentiras y
gordas, de Mujeres hombres y viceversa o de cualquier clase de producto que no
requiera activar ninguna de las pocas neuronas que viven acomodadas en el relax
que supone no pensar. Esa sociedad que defiende su propia incultura. Una
sociedad a la que realmente no le gusta el cine.
Los productos palomiteros están bien, pero no queremos que todos
sean eso. Menos fines lucrativos y más oportunidades a la calidad. Porque ya
estamos cansados. No es normal que se tarde un año en estrenar ciertas
películas en España porque se “sabe” de antemano que no van a recaudar
millones. Porque sí, es una industria, pero también es una obra de arte. Lo
peor de todo es que esto es imposible que cambie, pero más imposible es que la
gente cambie de canal cuando comienza Sálvame; porque que uno de los ídolos de masas sea Belén Esteban dice mucho de nuestro país.
Borja Tamayo Martínez
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