Como cada año, las cadenas estadounidenses anuncian su parrilla televisiva para dar la despedida a algunas series y la bienvenida a otras. Las audiencias dan su veredicto y las emisoras actúan de verdugo, muchas han sido las que han tenido un doloroso adiós, cancelaciones injustas con finales muy por debajo de lo debido.
Cadenas como HBO, Showtime o la online Netflix, son capaces de regalarnos auténticas obras maestras que pueden mirar fijamente a los ojos al mundo del largometraje y ni siquiera parpadear. Estamos en un momento donde la pequeña pantalla ya no es tan "pequeña" y algunas emisoras siguen sin darse cuenta. 

Hace algún tiempo ya que se anunciaron productos para la próxima temporada que levantaron más de una expectativa. Minority Report y Lucifer se llevan la palma. Dos series de la FOX con un planteamiento de base más que atractivo que se fue por el retrete cuando presentaron el primer trailer. Es decir, ¿en serio es necesario más series policíacas? Porque si bien es cierto que con True Detective se nos demostró que el género no estaba muerto en la TV,  con Bones, CSI, Castle, Mentes criminales, étc (y con "étc" me refiero a un gran "étc"), lo único que podemos ver son tres pautas a seguir en cada uno de los veintipico episodios anuales (CSI solo lleva 336): Plantear asesinato, protagonistas haciendo presencia de sus clichés y coger al asesino. Que sí, que para una está bien, solo tienes que desconectar y dejarte llevar a pesar de las carencias de guion. Pero hacer patrón único de ello no. Es algo que contamina la televisión dejando que hipotéticas buenas producciones se queden en una simple rutina que aburre a los mismos creadores (Almost Human duró 13 capítulos).

Porque apostar por lo difícil no es lo común. Mejor hacer lo que se sabe que funciona y no calentarse la cabeza. Todo se basa en el dinero y las audiencias. Pocas (o más bien ninguna) cadenas dejan en emisión una serie que no dé los beneficios esperados, porque el respeto por la audiencia es nula. Pero al revés es lo mismo, ¿por qué acabar algo cuando podemos estirarlo hasta morir? Fenómenos de masas como Perdidos o Prison Break son dos grandes ejemplos donde si en su planteamiento inicial eran buenas, a base de temporadas y temporadas las tramas se fueron perdiendo en sí mismas hasta dejar a un público entregado fuera de sí.

Cuando en 2012 se anunció Hannibal mis expectativas no podían ser más bajas. Adaptar a uno de los grandes villanos del cine para una serie y encima de la NBC no podía salir bien. Pero un excelente Mads Mikkelsen nos dejo sin habla mientras preparaba un exquisito hígado humano. Y la cosa no se quedaba ahí, dejando de lado al personaje, tanto la estética como el desarrollo de las tramas distaban de cualquier serie policíaca. No te trataban como tonto sino que recurrían a la parte activa de tu cerebro. Algo que, como era de esperar, ha acabado saliendo mal. Porque así es, si sales del patrón marcado las posibilidades de acabar cancelado son muy amplias. El día que se apueste por el nivel y no por el dinero podremos estar hablando realmente de una "televisión de calidad".

Volviendo a las emisoras previamente nombradas hay que decir que también se han cobrado sus producciones (cuánta gente lloró no poder despedir Carnivale), pero la diferencia en conjunto es brutal. Por algo las mejores series de la historia vienen de ellas.
En cuanto a Hannibal siempre nos quedará la posibilidad de Netflix. Esa cadena emergente que se ha plantado delante de todos para regalarnos bombas como House of cards o la reciente Daredevil. En caso de que no sea así, nunca se sabe si a los directores de la NBC se les iluminará la bombilla y en un par de superbowls nos sueltan el teaser de Hannibal reborn mientras se les cae la baba pensando en la pasta que pueden sacar. 

Borja Tamayo Martínez

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