Los hermanos Russo que hasta entonces habían participado en numerosas series de televisión y películas menores, debutan en la dirección de una superproducción que es, junto a los Vengadores, la mejor película de marvel. Si Capitán América: el primer vengador fue un film de aventuras que homenajeaba directamente al pulp más colorido y ágil, su secuela se desmarca (por lógicas circunstancias de ambientación) de ese cine de aventuras y apuesta por la acción variada que otorga a la cinta un ritmo frenético y que la impulsa a un entretenimiento de calidad. Salvando las ya clásicas trampas de guion (muy propias del universo marvel), la película se defiende muy bien en su trama conspiratoria con un más que creíble Robert Redford y con un Nick Furia que adquiere un gran protagonismo. Scarlett Johansson vuelve a interpretar magníficamente a una viuda negra que hará las delicias de los espectadores con un encanto totalmente desenfadado y que mantendrá, a lo largo de la película, una tensión sexual no resuelta con nuestro héroe. Su relación es sin duda la mínima porción cómica que necesitan este tipo de producciones, ni se abusa de ella ni es repetitiva. El soldado de invierno es una clara amenaza, se nos presenta como un ser incansable que destruye todo lo que se propone, una especie de terminator que nos mantiene en una sensación de peligro constante. Se suma al reparto el actor Anthony Mackie que interpreta al héroe aéreo Falcón y sirve como mero gancho para las escenas de acción y de ayudante salvador en alguna ocasión

Capitán América: El soldado de invierno es una película de acción, pero también es un thriller político que crítica duramente la carrera armamentística, el espionaje y la sobreprotección como encadenamiento de las libertades del ser humano. Y es que el capitán Rogers no termina de encontrarse en una Norteamérica que ya no defiende las libertades que él mismo protegía (y por las que se sacrificó) antes de su letargo, sino que se mueve por la imposición del control absoluto sobre sus propios ciudadanos.


Es de elogiar el espíritu crítico del film y su notable realización en las secuencias de lucha que, a veces, se ven perjudicadas por un torpe montaje que estropea cualquier trabajo de coreografía escénica. Sin embargo, derrumbados ya todos los clichés de este tipo de producciones y entendiéndose así misma como un producto en el marco global de Los vengadores, podemos decir que Capitán América: El soldado de invierno es la mejor película de acción de lo que llevamos de año y un notable entretenimiento cn consecuencias argumentales de peso para la saga y para todas las próximas cintas de la factoría marvel.


Francisco Carrasco Orrico

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