Para la gran mayoría del público, Peter Jackson se dio a conocer con superproducciones comerciales enfocadas a las masas como King Kong, The Lovely Bones o la saga de la Tierra Media; no obstante el objetivo de este artículo es revisar su etapa neozelandesa, concretamente la más gamberra de todas, esa anterior incluso a antes de que alguien dijese "Atrápame esos fantasmas" por primera vez. Me refiero, como no, a "Bad Taste", "Meet the Feebles" y "Braindead (tu madre se ha comido a mi perro)"; convertidas en el trío de culto por excelencia del célebre director. Películas centradas en divertir al espectador por encima de todo lo demás, porque densidad no siempre es igual a calidad.


"Bad Taste" (1987) fue la primera película de Peter Jackson, presentándonos esa marca de estilo que veríamos en todas sus posteriores producciones (al menos en el anteriormente mencionado trío), satirizando el género de extraterrestres y reinventando el gore, sentando las bases de una gran cantidad de largometrajes y cortometrajes de serie B.

"Meet the Feebles" (1989) es quizás la menos conocida de nuestro director neozelandés, no obstante, es digna de alabar una película capaz de criticar tan duramente al show business, con influencias de "Los Teleñecos" y teniendo personajes tan peculiares como la rana lanzadora de cuchillos veterana del Vietnam o la mosca reportera amarillista que rebusca entre la basura.


A pesar de estas producciones, la consagración de Peter Jackson como director políticamente incorrecto no llegó hasta 1992, de la mano de "Braindead (tu madre se ha comido a mi perro)". Un largometraje capaz de revivir los orígenes del género zombie, aportándole comedia de un modo que solo se había tanteado en producciones con un presupuesto ínfimo mal llevadas a cabo, abriendo la puerta a películas de culto posteriores como "Mi novia es un zombie" (1994).
Aunque no seáis amantes de los géneros mencionados, es imposible conocer a alguien sin conocer sus orígenes y seamos claros, hablamos de Peter Jackson, no de David Lynch, esto es pura diversión sin estrujarnos demasiado las neuronas. Hay vida más allá de el "Hobbit".

Manuel Azaña González

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