La acción nos sitúa en una realidad en la que el campo de la inteligencia artificial evoluciona a un ritmo frenético. Los recientes avances en nanotecnología la han convertido en una amenaza para la propia raza humana, haciendo posible el hecho de ser sustituidos, modificados o simplemente manejados al antojo de esta inteligencia superior.
Johnny Depp interpreta al investigador Will Caster, experto en inteligencia artificial, cuyo objetivo es, como nos expone cuando apenas llevamos cinco minutos de metraje, crear una especie de Dios perfecto. Este tipo de experimentos polémicos le situarán en el ojo del huracán, siendo el objetivo de los principales grupos extremistas antitecnológicos que intentarán su asesinato así como la desaparición de todas y cada una de sus investigaciones. Su mujer Evelyn y su mejor amigo intentarán salvarle pero… ¿hasta qué punto deben llegar? Si el hombre incorrecto tiene las armas adecuadas puede convertirse en alguien muy peligroso.
Hasta aquí nada nuevo. Un argumento que, aunque con ligeras variaciones, ya hemos encontrado en otros subproductos disfrazados de cine de verdad como “Splice”. Una dirección que sin ser mala, se convierte en algo innecesario. Johnny Depp tiene sobre su mesa lo que probablemente sea el menor reto de su carrera, interpretar a un personaje que solo sale serio 10 minutos y que a partir de ahí le reproducen en una máquina al más puro estilo 8-bits. Los papeles de Kate Mara, Paul Bettany y Cillian Murphy son totalmente prescindibles, dejando solo trazos inconexos en una trama rota de por sí. Morgan Freeman con el piloto automático buscando hacer taquilla (para variar). Al menos Rebecca Hall deja algo decente, que no perfecto, en este excremento de hora y media. Prescindible, predecible, vista.
Manuel Azaña González
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