Original toque lo que toque. Ya sea en animación como nos demostró en “Fantastic Mr. Fox” o en esta gamberrada disfrazada de producción seria. Esta película nos narra las aventuras y desventuras ocurridas a los trabajadores de “The Grand Budapest Hotel”. Ralph Fiennes interpreta a Gustave H, “director” de uno de los hoteles más importantes durante la época de la ocupación, siendo sus principales preocupaciones la poesía y la seducción de mujeres de avanzada edad que amasan inmensas fortunas. Nuestro protagonista, Zero Moustafa (Tony Revolori), es un aprendiz de botones con bigote falso que acompañará a Gustave como un perro fiel mientras aprende su nueva profesión. Una de las amantes de Gustave fallece en extrañas circunstancias dejándole toda su fortuna, hecho que sacará de los nervios a su retorcido hijo (Adrien Brody) y a su desalmado sicario (Willem Dafoe).

“The Grand Budapest Hotel” nos regala uno de los mejores guiones, con diferencia, en lo que llevamos de año. Al menos uno de los más ingeniosos. La dirección, si bien no es nada convencional, es magistral. Y es que desde el primer travelling en el pasillo grabado con angular quedamos sumergidos en la peculiar atmósfera de tonos pastel que este Grand Hotel nos regala. Las interpretaciones son magistrales de principio a fin. Incluso la de Brody, a pesar de no ser santo de mi devoción. Fiennes y Dafoe son simplemente sublimes.


Los gags de humor negro deberían pasar a los anales del cine. El mero recuerdo de los dedos de Jeff Goldblum cayendo o el gato volador hacen que no pueda evitar sonreír, cuanto menos, sea cual sea en la situación que me encuentre. El trabajo de cámara y la música de Desplat también son dignos de ser tratados aparte. Planos imposibles. Fotografía sumamente original, depuradísima. Harán las delicias de los fans más exigentes.
Señoras y señores, “The Grand Budapest Hotel” es lo que ha de hacerse cuando se junta la inspiración con uno de los elencos más en forma del panorama actual. Esto es lo que ocurre cuando el hacer taquilla pasa a un plano secundario y todos los esfuerzos se centran en llevar a cabo aquello que más amamos en el mundo, cine, dejando atrás el academicismo y haciendo que prime la originalidad, riéndose incluso del propio Zweig, al que rinde homenaje. Adréntese en la 13 Rue del Percebe al estilo Anderson.


Manuel Azaña González

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