Hoy colabora con nosotros Lucía Naharro, que nos trae la crítica de Firestorm, un thriller policíaco asiático que retrata la guerra urbana entre la policía y una de las bandas organizadas más peligrosas de Hong-Kong, todo ello visto desde el punto de vista de Lui, un oficial de policía incansable en su lucha por la justicia, Bong, un exconvicto que no tarda en volver a las andadas y Bing, informante de Lui y padre de una niña autista. Los japoneses han demostrado en innumerables ocasiones su solvencia realizando largometrajes de esta índole, véase Infernal Affairs, de la que posteriormente nació Infiltrados con la que Scorsese ganó la estatuilla. ¿Será Firestorm otra muestra de la calidad que tienen los asiáticos rodando productos de este género? Veamos:

Ya en los primeros minutos de la película nos encontramos con dos historias que no solo hacen que estemos atentos a la pantalla, sino que también provocan un aumento de curiosidad importante. El “rescate” de un amor y el reencuentro de un padre y una hija. Ambas tras salir de la cárcel. Enseguida queremos saber quiénes son él y ella y qué hay detrás de aquello. De repente una persecución con inocentes muertos de por medio. Son esos primeros quince minutos sin tiempo apenas de respirar los que nos meten de lleno en la película. Comienza la acción. En mi caso, ya no puedo despegar la mirada de la gran pantalla y estoy impaciente por saber qué está ocurriendo, porqué “el malo”, Cao Nam, tiene cogido por los huevos a Lui, policía principal cansado de injusticias y sus hombres. 



Aun así, esta no es la típica película de empieza bien y termina más bien regulera, esta vez, es un filme que va de muy bueno a mejor todavía. Tres historias unidas en una sola que vamos descubriendo mientras elegimos quiénes son nuestros protagonistas particulares. Hacía tiempo que no veía unas escenas de acción tan bien trabajadas. Impecables que no dejan casi que parpadees. Una especie de valla o ventana que va cayendo sustentada por cuerdas de tender, entre dos edificios y sobre la que se presenta la mejor pelea de la cinta. Grabada de forma increíble, produce un gran impacto a los asistentes. Supongo que los aplausos y vítores que surgieron al unísono al final de la secuencia hablaron por sí solos. Los sucesos dramáticos hacen al público incorporarse en su asiento, ya sea por un grito desgarrador o unas lágrimas en silencio. Descubrimos qué hay detrás de los personajes principales, exceptuando a Lui, nuestro protagonista trajeado. Su misterio nunca es desvelado, lo que deja con ganas de saber más sobre su pasado. A pesar de eso, su sonrisa, mostrada en contadas ocasiones hace sonreír o estremecerse también a los asistentes. Todo ello culmina con un épico final para esta guerra urbana, más que necesario, que una vez más arranca de forma inmediata los aplausos de un público amante del cine.


Lucía Naharro Martínez

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