John Carpenter (La niebla) tomó las riendas de la historia Eight o’clock in the
morning de Ray Nelson para traernos un largometraje que oscila entre el terror y la comedia, aunque se decante más por esta. Están vivos vio la luz en 1988 con Roddy Piper (estrella de la lucha libre) encarnando a un joven trabajador que descubre unas gafas capaces de hacerle ver la realidad que estaba ignorando.

Los alienígenas existen y se encuentran en las esferas más poderosas de nuestro mundo, esta es la premisa con la que se juega. Se crea pues una lucha entre los obreros y las fuerzas gobernantes, las cuales sin duda nos han controlado para que seamos como ellos deseaban; pero el mensaje no es mucho más profundo que todo esto, así que no tendremos que aguantar demagogias descontroladas sobre revoluciones en una película de ciencia ficción, todo está tratado en clave de comedia.

Las actuaciones distan de la palabra calidad y el guión es lo que es y no aporta demasiada tensión al filme; no obstante consigue con creces su objetivo, que no es otro que el de entretener. Una sátira bien conseguida que a pesar de haber envejecido realmente mal (puede que naciera siendo ya vieja), nos hará reír mediante la parodia de la sociedad en la que vivimos. 

Realmente no gustará a todo el mundo, tal vez sea por ese espíritu serie B que tiene o esas escenas que te dejan en la mente un "¿qué coño?" (una larga pelea absurda como si de Peter Griffin contra el Pollo se tratase). Pero si sabes a lo que vas encontrarás lo que andabas buscando, no todas tienen que ser grandes películas y el punto a favor de esta es que sabe que no lo es.

Borja Tamayo Martínez

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