Si el año pasado fue How I met your mother esta vez es el turno de otra de las sitcom que nos ha acompañado a lo largo de mucho tiempo, Dos hombres y medio. De sobra es conocida la salida del problemático (y divertido) Charlie Sheen cuando durante el rodaje de la octava temporada culminó sus polémicos actos con un puñetazo a su productor, Chuck Lorre. Pronto se anunció su sustitución por Ashton Kutcher para alargarla cuatro temporadas más. El hijo, Agust T. Jones, también abandonó la serie tras declaraciones en la que la ponía verde, dejando así a Jon Cryer como único actor original.

Desde la llegada de Walden se puede apreciar el descenso inmediato de la calidad de la serie, nada era igual y muchos fans abandonaron la misma propiciando un declive de audiencia que ha provocado su (agradecida) cancelación. Con el transcurso de los episodios se fueron incorporando caras nuevas que si bien no alcanzaba el nivel original, el buen rato semanal estaba garantizado. Porque sentarse en el sofá y ver 20 minutos que no requieren ningún esfuerzo mental no es muy complicado.

Este último capítulo ha servido más bien de sátira que de conclusión, pero bueno, les ha salido bien. Las tramas se quedan cojas en cuanto a tener un final cerrado, pero pierde importancia en cuanto a las carcajadas que iba soltando constantemente. Mucho se había hablado de la reincorporación de Charlie para despedir la serie, de hecho desde el primer minuto te muestran que no había muerto asesinado por su acosadora, sino que esta lo tenía encerrado en el pozo de su sótano como si de El silencio de los corderos se tratase. Los dos protagonistas pronto empiezan a recibir amenazas de muerte, comenzando una odisea en la que pasarán por los personajes más relevantes de las antiguas y nuevas temporadas, hasta culminar en un final que ni yo podia creerme. Lorre se sacó de la manga un hachazo final para provocar el aplauso de todos los que vimos este hilarante final.
Dignos de mención son los cameos que nos regalan. Desde los que ya parecía que no íbamos a volver a ver en la playa de Malibú hasta estrellas como Schwarzenegger o Christian Slater. Porque las apariciones de actores importantes siempre y ha sido un recurso desde los primeros episodios a la hora de despedirse no iba a ser distinto.

La mayor virtud de este final es la capacidad de reírse de sí mismo. Desde sus bromas absurdas sin ningún tipo de calidad que buscan el chiste fácil o el estiramiento innecesario durante estos últimos cuatro años. Es una constante auto-crítica bien llevada que consiguió darle una buena salida a una serie que llevaba en parrilla nada menos que doce años. 
Borja Tamayo Martínez

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