Uno de los problemas del cine es esa palabra que lo define: industria. El dinero es lo que mueve a los miembros de la misma y, tristemente, los actores no van a ser menos. Pero podemos dar gracias por tener a algunos de ellos que saben alternar sus servicios entre las superproducciones y esas películas más pequeñas. Un claro ejemplo es Christian Bale, tan capaz de regalarnos al mejor Batman como de colaborar con la producción española de El maquinista. 

Estamos ante uno de esos filmes en el que número de billetes invertidos no es proporcional a la calidad del resultado. Rescate al amanecer nos cuenta la historia (no real) de un piloto norteamericano que, en vísperas de la guerra de Vietnam, es capturado y encarcelado por un grupo de guerrilleros. Esta guerra la hemos visto una cantidad incontable de veces, no obstante no se va a basar en las explosiones, la crítica o los efectos de ella, sino que se centra en la evolución del personaje debido a las circunstancias.

La importancia de tener un buen actor es clave. Cuando inviertes los 126 minutos en una sola persona, necesitas a alguien que de la talla, y aquí Bale nos demuestra una vez más las grandes dotes con las que cuenta. Su interpretación es impresionante, con el morbo añadido de los cambios de peso (55kg en 2004, 86 en 2005 y 61 en 2006, momento en el que grabó esta cinta), pero la magnificencia de su actuación no reside únicamente en esto, nos transmite a la perfección esa desesperación a la que se ve expuesto, con escenas perfectamente memorables.

Se trata pues una historia de supervivencia, de lucha por la libertad arrebatada. Puede que el desarrollo de la misma no sea el ideal técnicamente hablando, pero cierto es que nos enfrasca en esta agobiante situación, para llevarnos hacia una conclusión con la que no puedes despegarte de la pantalla. Solo contemplando los escenarios, uno se puede dar cuenta de los límites monetarios con los que cuenta, pero cuando se mira más allá que simples efectos especiales, olvidamos aquello que solo los más ricos pueden conseguir. Unos hechos que a pesar de no ser ciertos nos dan una nueva visión de los acontecimientos sucedidos en esta negra etapa de la historia de los Estados Unidos.  

No es la mejor película de la historia, evidentemente, pero eso no quita que cualquiera pueda apreciar sus virtudes y disfrutar durante dos horas de su tiempo. Es imprescindible verla en versión original, porque cuando todo reside en la psicología de los personajes el doblaje se deja esta a mitad camino.


Borja Tamayo Martínez

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