Cuando se supo que Christopher
Nolan se estaba reuniendo con el aclamado físico Kip Thorne para la creación de
su odisea espacial “Interstellar” el resultado que cabía esperar era cuanto
menos interesante. Con la cinta ya plasmada sobre la gran pantalla el resultado
es apabullante: Nolan firma una notable mezcla de ciencia y emoción que sumerge
al público en el recorrido atemporal de la supervivencia.
Hablar de agujeros de gusano y no perderse en el intento es una
tarea complicada, tanto que la película parece palidecer en algunos instantes
por el bombardeo de teorías y formulas físicas. Sin embargo surge un Nolan desconocido hasta
ahora, el director de “Memento” cambia el engaño y la ilusión por una
intensificación dramática que eleva el film a un grado superior en su
filmografía. El reparto es el gran culpable del éxito de esta apuesta. Matthew
McConaughey se mueve como quiere por el registro que le pongan. Tanto que su
interpretación de Cooper mezcla de manera eficaz la desesperanza, la ira y el
amor, además de conectar a la perfección con Brand (Anne Hathaway). Completa el
reparto el omnipresente Michael Caine, Casey Affleck y la imborrable Jessica
Chastain.
La fotografía de Hoyte Van Hoytema (“Her”, “The fighter”) le
pone la guinda al pastel. Colores fríos que reflejan la dureza de la inmensidad
espacial combinados con grandes destellos de luz que dan forma a la esperanza y
al hogar. Hoyte pinta mundos dispares y los entremezcla con la calidez humana,
formando un cuadro inexplorado, inhóspito y hermoso.
El único contrapunto negativo viene dado por su anticlímax final,
su conclusión se demora demasiado, perdiendo efectividad. El equilibrio perfecto
entre ciencia y emoción pura se descompensa en este tramo perdiendo gran parte
de lo ganado a lo largo del film. No obstante, Interstellar supone un profundo viaje hacia el corazón
humano, hacia el amor. Su éxito se basa en la ciencia pero se catapulta gracias
a su atemporalidad temática. La vuelta al hogar, las promesas y la soledad se
entremezclan entre estrellas y teorías físicas
para alcanzar una respuesta salvadora: no estamos hechos para vivir
solos.
Francisco Carrasco
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Hola!
ResponderEliminarYo me he indignado un poco con Christopher Nolan en esta ocasión. Es evidente que siempre juega a tenerte pendiente de los planteamientos que te va soltando poco a poco, pero yo me sentía a gusto en su amigable efectismo. En este caso, me ha sentado mal el uso que hace de la ciencia: una película de tres horas en las que dos y media son texto sobre complicados planteamientos científicos. Está claro que Nolan quiere tenerte en vilo con esos asuntos, mientras te va colando un guion al que se le notan demasiado las costuras.
El resultado final es desolador: una historia de amor edulcorada, que recurre a situaciones facilonas para arrancar la lágrima al espectador. Mientras tanto, la física pasa por ahí, sin influir demasiado en el resultado final, como mero vehículo de entretenimiento.
Muchas gracias por el aporte, aunque no estemos nada de acuerdo :)