Basada en la novela de Irvine Welsh, Filth, el sucio nos cuenta la historia de un detective de policía sin escrúpulos que no dudará en explotar a los de su alrededor con un único fin: ascender. Un relato de extorsión, drogas y violencia que seguirá la resolución de un crimen sucedido en el inicio del film.

James McAvoy interpreta pues el papel más desagradable y lascivo de su trayectoria profesional, lo que le permite mostrarnos que no es solo la versión joven de Patrick Stewart. Dirigiéndose a la cámara durante buena parte de la película, nos demuestra que se siente como pez en el agua haciendo su trabajo. Una gran actuación que destaca por encima del resto de la cinta, la cual se queda tristemente mediocre.

Guy Ritchie nos regaló en su día tres películas de similar estilo a cada cual mejor (Lock and Stock, Snatch Rock'n rolla). Basadas en drogas y robos se acercaban al humor que caracteriza a Tarantino y nos sorprendían por las situaciones que se iban sucediendo. Historias de violencia que nos hacían reír. Cuando esta comienza podemos ver como se intenta aproximar a estos tres largometrajes, al menos en su esencia, pero se queda realmente lejos. A medida que avanza, el propio filme se va perdiendo en sí mismo, no consigue mantener bien la empatización con el personaje y la trama se va volviendo inconexa hasta concluir en un final que a pesar de sorprender, se ve tristemente forzado.

Todos los personajes secundarios tienen material para dar juego, pero el problema es que no los consiguen llevar por el buen camino. Las interpretaciones son buenas en general, pero el desarrollo de los mismos deja mucho que desear y no se explotan lo suficiente. Técnicamente hablando tampoco es todo lo que habría podido ser, se queda en un intento, y en estos casos es algo realmente peligroso. Una exageración en los planos que da lugar a una deficiencia del conjunto.

Tal como los filmes mencionados con anterioridad podrían haber salido muy mal, esta tenía el mismo riego, con el agravante de que John S. Braid no es Guy Ritchie, y finalmente sale como ha salido. Intenta separarse de lo comercial y lo consigue para mal, ni siquiera la gran interpretación de James McAvoy consigue salvarla. 


Borja Tamayo Martínez

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