Las aventuras en la Tierra Media han llegado ha su fin. Tras trece años de elfos, enanos, hombres y hobbits toca dar nuestro "last goodbye". Si El retorno del rey supuso un final por todo lo alto, esta vez podría decirse que ha sido lo proporcionalmente contrario. Nuestra despedida no ha sido lo esperado, el mundo de Tolkien se merecía mucho más.
"I am fire, I am death", así concluía el final más abierto de la saga. Imposible evitar que el corazón se me pusiera a mil revoluciones cuando Smaug alzó el vuelo, Bilbo temió lo peor y Ed Sheeran empezó a entonar su I see fire. Empezamos pues donde lo dejamos. Todas las historias por concluir, lástima que decidan acabarlas tan rápido. Un verdadero timo dejar ese final adrenalítico si le van a emplear diez minutos a cada trama.
Hasta el momento siempre había defendido el hecho de hacer una trilogía de un libro de apenas 300 hojas. A diferencia de El señor de los anillos aquí cada cinta no cuenta con un inicio, un desarrollo y una conclusión, sino más bien cada largometraje se corresponde con un concepto. En Un viaje inesperado se nos cuentan los inicios de esta aventura, con La desolación de Smaug se desarrolla el nudo y en La batalla de los cinco ejércitos nos concluyen las andanzas del señor Bolsón. El primer punto a favor de Jackson fue complementar la historia mediante el uso de apéndices, algo que descontentó a miles de fans. Pero El hobbit es un cuento para niños. Se agradecen todas las tramas que se le añaden otorgando es matiz oscuro, es más, gracias a ellas podemos ver como se enlaza directamente con su ópera prima. Azog es un gran villano que de ninguna manera hubiéramos visto y los orcos tienen su capitán que no es otro que el mismísimo Sauron en forma de Nigromante. ¿Quién es capaz de pedir que Légolas no dispare sus flechas una vez más? Ahora bien, si sus dos primeras partes eran capaces de, en su propia medida, hacerle sombra a sus predecesoras evitando por meros hechos argumentales la comparación, aquí es inevitable acordarse de El abismo de Helm o de la Puerta Negra, y tristemente cojea por todos lados.
Peter Jackson tiene un claro problema con los finales. Cuando en 2003 parecía que su película no iba a acabar nunca, aquí es más bien lo contrario. Se empeña en crear una batalla brutal pero olvida zanjar las cosas más importantes de la trama que de ningún modo pueden dejarse para la versión extendida (si es que salen en esta). A su gran guerra le falta espectacularidad. Queríamos ver a los orcos dando gritos de guerra cuales Uruks en Las dos torres, pero no. La parte de Bardo es solamente comparable al asalto de Osgiriath y aún así sale perdiendo. El personaje de Tauryel pierde todo mi respeto en esta tercera parte que pasa de ser la chica guerrera a la típica niña tonta que necesita ser rescatada. Si vas a inventarte personajes, hazlo bien.
Sin lugar a dudas la más floja y estirada de las tres. Si los señores ejecutivos hubieran pensado menos en el dinero, se habrían hecho dos filmes que servirían de hermanos pequeños a las aventuras de Frodo. Tal vez funcione como final de historia, pero son dos horas y media y ni siquiera son capaces de cerrarla bien. La próxima vez menos enanos por ordenador y más centrarse en las cosas importantes. Aún así tengo que decir que a pesar de sus deficiencias y mi pequeña decepción, como enamorado de la Tierra Media pude disfrutarla completamente. Supongo que tendré que esperar para ver las tres seguidas y juzgarlas como una única de ocho horas.
"I am fire, I am death", así concluía el final más abierto de la saga. Imposible evitar que el corazón se me pusiera a mil revoluciones cuando Smaug alzó el vuelo, Bilbo temió lo peor y Ed Sheeran empezó a entonar su I see fire. Empezamos pues donde lo dejamos. Todas las historias por concluir, lástima que decidan acabarlas tan rápido. Un verdadero timo dejar ese final adrenalítico si le van a emplear diez minutos a cada trama.
Hasta el momento siempre había defendido el hecho de hacer una trilogía de un libro de apenas 300 hojas. A diferencia de El señor de los anillos aquí cada cinta no cuenta con un inicio, un desarrollo y una conclusión, sino más bien cada largometraje se corresponde con un concepto. En Un viaje inesperado se nos cuentan los inicios de esta aventura, con La desolación de Smaug se desarrolla el nudo y en La batalla de los cinco ejércitos nos concluyen las andanzas del señor Bolsón. El primer punto a favor de Jackson fue complementar la historia mediante el uso de apéndices, algo que descontentó a miles de fans. Pero El hobbit es un cuento para niños. Se agradecen todas las tramas que se le añaden otorgando es matiz oscuro, es más, gracias a ellas podemos ver como se enlaza directamente con su ópera prima. Azog es un gran villano que de ninguna manera hubiéramos visto y los orcos tienen su capitán que no es otro que el mismísimo Sauron en forma de Nigromante. ¿Quién es capaz de pedir que Légolas no dispare sus flechas una vez más? Ahora bien, si sus dos primeras partes eran capaces de, en su propia medida, hacerle sombra a sus predecesoras evitando por meros hechos argumentales la comparación, aquí es inevitable acordarse de El abismo de Helm o de la Puerta Negra, y tristemente cojea por todos lados.
Peter Jackson tiene un claro problema con los finales. Cuando en 2003 parecía que su película no iba a acabar nunca, aquí es más bien lo contrario. Se empeña en crear una batalla brutal pero olvida zanjar las cosas más importantes de la trama que de ningún modo pueden dejarse para la versión extendida (si es que salen en esta). A su gran guerra le falta espectacularidad. Queríamos ver a los orcos dando gritos de guerra cuales Uruks en Las dos torres, pero no. La parte de Bardo es solamente comparable al asalto de Osgiriath y aún así sale perdiendo. El personaje de Tauryel pierde todo mi respeto en esta tercera parte que pasa de ser la chica guerrera a la típica niña tonta que necesita ser rescatada. Si vas a inventarte personajes, hazlo bien.
Sin lugar a dudas la más floja y estirada de las tres. Si los señores ejecutivos hubieran pensado menos en el dinero, se habrían hecho dos filmes que servirían de hermanos pequeños a las aventuras de Frodo. Tal vez funcione como final de historia, pero son dos horas y media y ni siquiera son capaces de cerrarla bien. La próxima vez menos enanos por ordenador y más centrarse en las cosas importantes. Aún así tengo que decir que a pesar de sus deficiencias y mi pequeña decepción, como enamorado de la Tierra Media pude disfrutarla completamente. Supongo que tendré que esperar para ver las tres seguidas y juzgarlas como una única de ocho horas.
Borja Tamayo Martínez
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