"La vie d'Adèle" muestra la adolescencia de un modo que nunca se había conseguido hasta ahora, logrando que empaticemos con nuestra protagonista desde su primera sonrisa, sin poder evitar sentir todo lo que ella siente. Miedos y dudas magnificadas que solo pueden resolverse dejándose llevar y siendo lo que de verdad eres. Rechazo de aquellos que alguna vez dijeron quererte. Distintas formas de ver una misma realidad. Sexualidad febril, descontrolada, una pasión que no puede ser atenuada. Solo un amor así puede completar a una persona, un amor diferente a cualquier otro, sin tapujos, sin matices. Conjunto de características que pueden llegar a hacerte dudar de si lo que tienes delante es tan solo ficción. Tan fuerte, tan cercana, tan real.  

Se agradece encontrar una obra de arte de este calibre. Estamos cansados de ese amor idílico, de ese conjunto de frases vacías entre dos pseudo-amantes que comparten una relación que toda niña de quince años anhela y que cualquier adulto con dos dedos de frente rechaza, ya sea por su pedantería o por lo alejada que se encuentra del mundo real. Si alguna vez quisiéramos algo que rozara lo utópico, querríamos algo como lo que comparten nuestras protagonistas. El poder conservar esa ilusión del principio de una relación a través de todas las fases de la misma. Hacer el amor en cualquier sitio, en cualquier postura, en cualquier momento. Dar relevancia a cualquier cosa por el mero hecho de hacerla junto a esa persona. Tener ese algo a lo que no renunciaríamos a pesar de saber que en la vida real poco o nada dura para siempre. Esta es la mayor cualidad de la "La vie d'Adèle", su realidad, su humanidad, su sencillez dentro de su complejidad.


Habrá quién la rechace por su explícita sexualidad, habrá quién piense que los compañeros de Adèle están metidos de un modo demasiado forzado o quién diga que deberían haber sacado más partido al conflicto dentro del marco familiar e incluso a la controversia que pueda generar el que una persona homosexual dé clase a niños. No es mi caso. Prefiero limitarme a disfrutar de un película que no tiene miedo a mostrar el amor tal y como es en todas sus facetas, ya sea fuera de la cama o dentro de ella. Prefiero admirar una obra capaz de retratar por completo a dos familias con unos planos sencillamente perfectos durante dos cenas, mostrando maneras de ver y vivir la vida completamente distintas. Prefiero disfrutar de dos de las mejores interpretaciones que nos ha dado el cine este año. Prefiero vivir el arte sin dejarme llevar por prejuicios.


Manuel Azaña González

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9 comentarios:

  1. Película real donde las haya, en cuanto a la "controversia" que genere el hecho de que una persona homosexual dé clase dice mucho del país en el que vivimos. Besitos y seguid así chicos! :)

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  2. Está claro que películas como esta alimentan el mito erótico masculino del sexo lésbico. No me parece casual que la haya dirigido un tío. Es más: creo que forma parte de una corriente pseudoprogresista que confunde tías en pelotas con apertura de mente. Y no me lo trago: una tía semidesnuda en una peli de autor está tan desnuda como una tía semidesnuda en una peli de Pajares. De hecho, la actitud del cine de Pajares me parece más honesta. El día que nos pongan pollas en la pantalla con la misma naturalidad que tías en tetas, podremos empezar a considerar que hay ecuanimidad.
    Por eso, lo que me escama de todo esto (aparte de que me es imposible simpatizar con un señor que ha hecho que sus actrices se sientan poco menos que abusadas…) es que el director (un hombre heterosexual que conoce todo y sabe todo sobre las lesbianas porque el también lo es, claro…) ha reducido una historia compleja sobre el amor, la amistad, la intimidad… en una escena de sexo de 10 min, hecha desde el punto de vista de un observador masculino y heterosexual (qué sorpresa) que reduce a las lesbianas y a las mujeres en general en objetos hipersexualizados cuyas prácticas sexuales son y deben ser aquellas que despiertan los deseos de este público en particular. Como siempre, se reduce a las mujeres (lesbianas o no) a lo mismo. Objetos. Objetos con los que vender, comerciar, excitar… objetos masturbatorios y poco más. El asunto de la cosificación de la mujer es tan preocupante que ni siquiera cuando se quiere criticar se está permitido darle a vuelta. Y por otra parte, creo creo que en este punto al que hemos llegado se ha devaluado tanto la intimidad que a quienes vemos en esas escenas una verdadera violación de la intimidad de dos mujeres se nos acusa de estrechos de mente, fanáticos, mojigatos o cualquier otra cosa.
    Seguro que "La vida de Adèle" ganó Cannes por su profundísimo guión y trascendentales diálogos. Las tijeras y las tetas bamboleantes no tuvieron nada que ver. Esta no es una peli de lobby ni adoctrinadora, ni siquiera profunda. Esta sólo es una peli con porno lésbico para críticos cuarentones heterosexuales.
    Por eso ganó Cannes.

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    1. "El día que nos pongan pollas en la pantalla con la misma naturalidad que tías en tetas, podremos empezar a considerar que hay ecuanimidad." - Ver "Shame" de Steve McQueen.
      Gracias por comentar, interesante opinión.

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  3. Soy lesbiana y ver esta película me ha producido un profundo asco y rechazo de ver cómo un cabrón morboso nos reduce tristemente a lo mismo de siempre: ninguna profundidad, ningún guion brillante, ninguna trama ni problemática trascendente…. nada más que 15 minutos de sexo salvaje para dar morbo y ganarse a la crítica masculina, y vender una película que no es más que pornografía fácil y gratuita disfrazada de la historia de amor más increíble jamás contada. De haber sido dos hombres los protagonistas (o un hombre y una mujer), el director jamás se habría recreado así en una escena sexual entre ellos y la película no habría sido tan brillante para los críticos. Esta peli no ofrece nada más que el morbo de la homosexualidad femenina y, sobre todo, las imágenes explícitas que lo corroboran. Si la pareja hubiera sido heterosexual y si el sexo realista hubiera sido tratado de manera más sutil, de esta película ni se habla. Y mucho menos se la premia. Pero claro, a los críticos heterosexuales les ha gustado mucho... Qué asco y qué pena.

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    1. Personalmente las escenas de las cenas en cuanto a guión y planos me parecen soberbias, así como las interpretaciones de ambas actrices (sexo aparte, por supuesto), con esto quiero decir que me parece que la película no se reduce a esos 15 minutos de sexo salvaje, es más, soy de los que tienen la opinión de que se podrían haber reducido a mucho menos de la mitad.
      No obstante lo dicho, mil gracias por comentar, da gusto que un tema genere debate :D

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  4. Estoy MUY harta de escuchar tantas alabanzas absurdas a esta película que no es más que el desahogo pornográfico de las obsesiones de un director déspota. Fui a verla ilusionadísima porque el cómic me había encantado y tenía las esperanzas de encontrarme con algo igual de bueno o quizá mejor, pero no puedo expresar mi sorpresa al encontrarme tamaña basura... Quince minutos de porno lésbico completamente gratuito e injustificado que ensucian el resto del metraje y actúan a modo de llamada de atención desesperada (así como llamada a la recaudación, a la audiencia y a la crítica masculina) para disculpar tres horas insustanciales, desaprovechadas y vacías, con lo que podía haber dado de sí una temática inicial tan fantástica. El director sólo se preocupó de rodar tijeras y cunnilingus, no hay rastro de la profundidad de la novela gráfica, de su estética cautivante, de su buen gusto, de su sensibilidad, de su despliegue en cuanto a temas y motivos... sólo sexo explícito, posturas ridículas y morbo insultante.
    Así que me pregunto: ¿cómo es posible que nadie (o muy pocos) vean lo que es en realidad esta película: una fantasía pornográfica de un director heterosexual, basándose en un juicio apriorístico de cómo follan dos lesbianas que no es más que su propio deseo obsesivo puesto en imágenes (y además tiránicamente, en plan "vosotras tocaos hasta la extenuación que yo filmo mientras babeo)? Pero nada, la crítica (¿Y quién es "la crítica"? Hombres cuarentones en su mayoría que se muestran encantados) aplaude entre paja y paja a una actriz con cara de empanada que durante tres horas infumables y soporíferas (de ahí la “necesidad” y la “justificación” de meter los quince minutos de sexo salvaje, porque si no, no habrían aguantado ni la primera media hora) mantiene la boca abierta para comer coño o espaguetis. Ahí tenéis vuestra profunda obra maestra.

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