La película parte de una premisa similar a la que nos trajo en su día "Amanecer rojo", pero esta vez enfocado a teens en busca de un "mix" entre Crepúsculo y Los juegos del hambre. Una chica repelente y problemática (Saoirse Ronan), viaja a casa de sus primos para pasar con ellos el verano. Los pequeños no buscan más que entretenerla y agradarla, mientras que el mayor pasea por el campo con ese aire misterioso característico de todo mojabragas adolescente (pero este aparte lleva un halcón, ¡supera eso vampiro!). En la casa también está la madre, una especie de analista de guerra que desaparece de la película con urgencia y nos deja oliéndonos el pastel. De pronto... ¡Pum! Guerra mundial y nevazo al canto. Pensaréis "ahora empieza lo bueno" pero nada más lejos de la realidad. Solo da comienzo ese quiero y no puedo constante de mantenernos enganchados a una trama de guerra, muerte y destrucción mediante una historia de amor entre primos.

La película carece de fuerza, de ese factor expresivo que nos haga implicarnos con ella, que le haga tener ese algo que consiga que no nos dé tanto igual qué pasará con ella, con su primo o con cualquier personaje de la película, bien es verdad que lo intenta, pero esta historia de amor absoluto (con gritos de ahogo por la noche al más puro estilo "Crepúsculo") nacido de un día para otro no "cuela", solo es capaz de sobresaltarnos en escasas ocasiones cuando nos muestra escenas crudas de verdad, que nos recuerdan que esto no son "Los juegos del hambre" y que sí están cerca de poder describir cuán injusta es una guerra y que el mundo real puede llegar a tener cabida en este bello mundo de fantasía disfrazado de neorrealismo. Soy consciente de que el cine no tiene porqué ser real, para eso tenemos bastante cada uno con vivir nuestra vida, no obstante si me presentas un romance entre primos de dos polvos y dos intercambios de jersey, pues por mucho que quiera me cuesta mucho hacerme partícipe de la historia.

Ronan deja ver destellos de grandeza en su interpretación, pero solo se queda en un "pudo ser y no fue", a este papel de niña repelente le falta esa fuerza que caracteriza a sus personajes, esa fuerza que ya vimos en "The Lovely Bones", "Hanna" y en "Expiación, más allá de la pasión", pero que aquí solo deja entrever en los momentos más dramáticos, en los que da un golpe de casta recordándonos quién es ella y de qué es capaz, aunque aquí solo haya trazas de ello. 

A pesar de todo esto, "How I live now" es una película que entretiene, se deja ver con bastante facilidad y, aunque no vaya a quedar grabada en tu retina para siempre, te hará pasar un buen rato. Las propuestas originales tienen una capacidad de mantenerte pegado al asiento de principio a fin increíble y esta, en ese sentido, no defrauda. Quizás sea por su lograda ambientación, quizás por su argumento e incluso por lo que nos gusta ver a Ronan en pantalla, pero es un filme vergonzosamente disfrutable. Poco importa que las distribuidoras nos la hagan llegar un año después de su estreno (creo recordar que la vi en diciembre sin apenas esperanzas de que llegase aquí), una prueba más de que el dinero es lo que mueve esta industria y, hablando claro, sale más rentable anunciarla como una de las promesas del festival de Sitges de este año que como un título medianito que pasó inadvertido para crítica y público allá donde fue. Podréis disfrutarla en cines a partir del 10 de octubre.


Manuel Azaña González

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