La nueva película del aspirante a director que ya nos trajo Billy Elliot y Tan fuerte, tan cerca es la representación de todo lo contrario a lo que le suele pasar a los directores a lo largo del tiempo. La gran mayoría dejan de intentar contentar al público para realizarse ellos mismos. Su cine cada vez es más personal, más de autor por decirlo de algún modo. Ejemplos de esto serían Jean-Luc Godard, con Adiós al lenguaje, Ridley Scott con El consejero o Terry Gilliam con The Zero Theorem. Que puedes amarlas u odiarlas, sí, pero no dejan indiferente a nadie. Con Stephen Daldry pasa todo lo contrario, pasa de algo comercial sumamente bienintencionado como Billy Elliot, a producir basura en serie cada vez más impersonal, intentando agradar a tanta gente que acaba por causar repugnancia a cualquiera con dos dedos de frente.

En fin, supongo que ya sabéis de qué va esto, ¿no? Un par de colegas de las favelas de Brasil se encuentran una cartera que les cambia la vida y... bueno, que ya lo habéis visto antes, todos podemos imaginarnos a tres amigos adentrándose en una aventura en la que "van a hacer lo correcto", con el poli de Tropa de élite (esa sí que era buena) sobreactuando por ahí y con Martin Sheen descafeinado haciendo el mismo papel de siempre pero con una cruz colgando. Basura moralista con problemas inverosímiles y que hacen que la pobreza más que pena, dé risa. Que no digo que la película sea totalmente infumable, que conste, pero solo maravillará la mente de aquel al que no le importe que le tomen por tonto. Una y otra vez. Porque cine y literatura no es lo mismo y es algo que los directores han de tener en cuenta a la hora de llevar a cabo una adaptación si no quieren un aborto superlativo como este.

A lo que quiero llegar con esto es a que, pese a que muchos fanboys con menos neuronas que un ladrillo defiendan a ultranza la total fidelidad a la hora de adaptar una obra literaria a la gran pantalla, hay que tener en cuenta que son dos cosas totalmente distintas que han de ser juzgadas desde distintos criterios. Trash, sin ir más lejos, es un perfecto ejemplo de adaptación coma a coma  del relato literario. ¿El resultado? Incongruencias a tutiplén. Recursos que en una novela serían normales, aquí chirrían de forma ensordecedora. Personajes que aparecen y desaparecen como si llevasen allí toda la película, giros finales metidos con calzador y todo eso por no hablar del GPS que parecen llevar nuestros protagonistas pegado al culo. Podría seguir hasta el infinito, pero es mejor que lo veáis vosotros mismos y saquéis vuestras propias conclusiones. O no y al menos sacar provecho a la entrada que compréis viendo cualquier otra cosa. Vosotros mismos.


Manuel Azaña González

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